Nada bajo el delantal
Nada bajo el delantal
 
HISTORIAS DE TETAZAS
GRANDES Enlaces de tetazas
Traslado de domicilio
Tetonas en una fiesta e historias con japoneses
Tetonas que se dejan sobar
Voyerismo real de tetonas y alguna madurita cachonda

Desnuda y manoseada en la clase de inglés
Viaje en metro con una tetona
Piscina y grandes tetas
Servicio de habitaciones. Haz conmigo lo que quieras
Me encanta que me toquen las tetas
Nada bajo el delantal
Suegras de grandes tetas
Cena de talentos
Coordinador de grandes tetas
En la cocina del restaurante, las buenas tetas son un gran plato.
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Uno de nuestros hobbies, me refiero a mi mujer y a mí, es la cocina, nos gusta cocinar, sobre todo a mí. Y preparar platos de todo tipo, los tradicionales y los más modernos. Como no, nos gusta salir y conocer nuevos restaurantes, nuevos cocineros y probar distintas creaciones. Cuando éramos mas jóvenes, en nuestra época de novios y antes de tener los niños, nos lo montábamos en la cocina entre cacharros, platos y postres que acabábamos comiendo en nuestros cuerpos y disfrutando de una jornada gastronómica-sexual, que nos reconfortaba.

Eso ahora era agua pasada y hacía tiempo que no concertábamos ese tipo de encuentros. Y comento esto porque es el punto de partida de esta historia. Como sabéis nos trasladamos a la capital por trabajo (ver cadena de favores-el traslado) donde hicimos amistad con Pedro y Ana que nos introdujeron en el mundillo de la clase alta y utilizaron nuestra ambición para jugar con nosotros en el plano sexual. Porque para ellos era un juego donde nosotros éramos los pardillos de provincias que querían crearse un status para el que no estábamos hechos. Os recomiendo que leáis algún otro capítulo de la cadena de favores.

Aun así sabiendo que tipo de "amigos" eran, con cierta frecuencia quedábamos con ellos, quizá también llevados por el morbo de las nuevas cosas que con aprendíamos.

Dos semanas después de nuestro ardiente relación con el señor Fuji y sus amigos (ver cadena de favores-japoneses) Ana nos invito a cenar en su restaurante favorito. Era uno de los sitios de moda de la capital, con un menú degustación excelente de alto nivel culinario. Cuando me entere de la invitación me encanto poder ir allí, sabía que podría disfrutar de una buena cena y aprender algo. Pero lo mejor de todo, o tal vez, a la postre lo peor, era la intima amistad de Ana con el dueño o mejor dicho con su hermana que era a su vez la jefa de cocina.

Ana y Monica se presentaron preciosas a la cena, cada una a su estilo. Ana con un traje de gasa con trasparencias que dejaban ver el sujetador que levantaba sus tetitas. Monica, por su parte, toda de negro con un pantalón y una camisa ancha pero muy escoda que dejaba ver algo más que el canalillo.

Y de la cena que voy a contar, excelente, el menú degustación estaba acompañado de excelentes vino y un postre de frutas y chocolate pecaminoso.

La velada se alargo sin prisas, con una agradable conversación, llegando al momento picante influidos por las dos botellas de vino que habíamos bebido. Ambas parejas, estábamos relajadas, y creo habíamos olvidado, como se portaron ellos con nosotros, en otras ocasiones. Es mas, Pedro recordó el momento en que desfilamos en casa de doña Clara (ver cadena de favores-el desfile), y la enculada final que le hicieron el y su amigo a mi mujer en el vestuario. Y todos lo recordamos sin rencores entre risas. En ese momento, Ana continuo hablando de sexo, la verdad es que apetecía y a raíz de los comentarios, le pregunto a Monica.

¿Practicas con frecuencia en sexo anal?

Al principio no me gustaba mucho, pero ahora de vez en cuando me gusta que me rompan el culo.

A mí me encanta cuando mueve las nalgas para adelante y para atrás, no sé como lo hace pero tengo más roce y me vuelve loco.

El restaurante comenzó a vaciarse y hasta quedar nuestra mesa sola. Fue entonces cuando se acerco un señor alto, gordo con barba de una semana.

¡Félix! Grito Ana.

Ana, Pedro, cuánto tiempo estabais sin venir.

Solo un mes. Hemos estado ocupados. Voy a presentarte a dos buenos amigos. Monica y Gabriel.

Me daba rabia que a Monica le impresionaran tanto los famosos, y su fascinación ante ellos. Se comportaba como una grupee, admirándolos, poniéndose a sus pies, no había otra cosa a su alrededor (ver cadena de favores-reunión anual)

Mientras todos se presentaban, Ana me susurro al oído.

 Me tienes que hacer un favor, me susurro al oído Ana.

 ¿Quieres que te folle aquí? Le respondí en tono jocoso.

 No, a mi no, a ella. Dijo señalándome a la cocinera.

Un enorme monstruo de al menos 100 kilos y tan alta como yo de unos 50 años se acercaba a nosotros.

 ¿Estás loca? ¿Tú has visto eso?

 Que más te da. Es muy simpática. Además vas a hacer una buena obra. Le he hablado muy bien de ti.

Evidentemente, ahora me explicaba porque me miraba así. Ana le había contado mi gran resultado de otras ocasiones (ver cadena de favores- el traslado) y lo bien que se comportaba mi aparato.

 ¿Nos enseñas la cocina? Le dijo Ana a la cocinera.

 Claro, venir.

Yo me levante y acompañe a las mujeres, poco después nos siguió el resto. Cuándo el cocinero se unió a la reunión y Pedro hizo las presentaciones, rápidamente Monica se acerco para estar cerca de él.

 Es un placer conocerle, soy un gran admirador de su cocina.

 ¿Os ha gustado la cena?

 Maravillosa. Dijo Monica.

 Me encetaría saber preparar algunos de estos platos.

 Monica y Gabriel son muy aficionados a la cocina.

 Si pero estos platos son complicados para un amateur, se necesitan herramientas y técnicas profesionales.

 Me encanta como cocinas.

 Muchas gracias. Dijo sin dejar de mirar su escote.

 Tu estarías muy atractiva vestida de cocinera. Con el busto que tienes y esa planta llenarías muy bien el delantal.

 No sabía que los cocineros fuerais tan descarados. No sabéis fijaros en otras cosas.

 Claro, en depurar nuestras técnicas. ¿has probado el nuevo postre?

 ¿El de chocolate?

 Si, es una creación mía.

 Buenísimo. Me enseñas como lo preparas.

 Un cocinero nunca revela sus recetas

 Ni si quiera a su pinche.

 Tú no eres mi pinche

 ¿Y si el pinche solo lleva el delantal, sin nada debajo?

 Si ves los pinches que tengo, no querrías verlos en ropa interior

 ¿y si fuera yo?

 Hombre la cosa cambia.

El metre, era un hombre de unos treinta y tantos, alto y muy delgado, de aspecto fibroso. Llamo al cocinero y este se levanto para hablar con él.

¿Has visto como esta esa?

Vaya pechonalidad

Ven, vamos a divertirnos un rato. Prepara las cosas para el choco-fruite.

La cocina era enorme, disponía de una isla en el centro con dos bancadas y los fogones, en uno de los laterales armarios hasta el techo y otra en la pared opuesta totalmente libre para manipular las mercancías que sacaban de una cámara frigorífica. En las paredes frontales el fregadero quedaba en una de las bancadas cerca de la puerta de atrás. Maria, la cocinera nos enseño la cocina detenidamente, sin prisas, haciéndose la interesante, e intentando ganar protagonismo.

La cocinera me dio una chaquetilla blanca y me dijo que la acompañara hasta los fogones, Ana se quedo en frente.

A los pocos minutos cuando la cocinera y yo encendíamos el fuego entraron el resto, el cocinero, el metre y Pedro. Le presentaron la cocina a Monica y se volvieron los tres hacia ella. De repente un silencio inundo la cocina, como si hubiera pasado un ángel. Todos nos quedamos mirando. Pensando ¿ahora qué?

Bueno ¿A qué esperas?

Monica, un tanto avergonzada, se desvistió lentamente, primero se saco los pantalones, y los lanzo sobre una silla, todos pudimos ver su tanga marcando sus glúteos. Después se despojo de la camisa por encima de la cabeza quedándose en ropa interior y sus tacones de aguja, elegidos para la ocasión. Sus abundantes ubres cual proyectiles que querían estallar, envueltos en el sostén se mantenían altos y firmes apenas conseguía contenerlos.

Estas muy bien con esos zapatos pero no son los mejores para cocinar, ponte estos. Invito Félix. Dándole unos cómodos zuecos y el delantal.

Los presenten se desilusionaron algo cuando vieron que las tetas al perder el sostén, caían más de lo esperado, lógico en una mujer de 33 años con un par de críos amamantados (tendríais que haberla cuando éramos novios). Aun así su cara trasmitía sorpresa por el gran volumen que contemplaban sus ojos atonitos.

Vaya tetas gastas guapa. Dijo Félix, el cocinero, con sus ojos que parecían salir de sus orbitas.

¡Joder!, exclamo el metre agitando las manos.

Es más de lo que parecía, ¿verdad? Te lo dije. Son unas tetas grandísimas. añadió Pedro que sin premura mientras Monica se colocaba el delantal lanzo una mano a su teta izquierda.

Ni se te ocurra, tú no participas del postre. Le increpo ella.

Bien dicho, aplaudió el cocinero.

Vaya pedazo de tetas tienes Monica. Dijo el metre acercándose a Monica que estaba atándose el delantal a la espalda. Deja que te ayude.

Ella se dio la vuelta para que le anudara el delantal, después de lazarlo, con suma discreción bajo la mano hasta su culo acariciándolo con lujuria en toda su extensión. Ella noto el contacto de la mano y no dijo nada, tan solo sonrió.

¿Te gusta?

Muy suave y muy bonito. Ya está atado.

Gracias.

Monica ven aquí conmigo y empezamos.

Monica es una mujer de ubres abundantes, usa una talla 120 de sostén, y al estar sin él, su redondo busto se descarga hasta el comienzo de su vientre, así, de perfil se podía ver la voluptuosidad de sus pechos colgando que abultaban sobre el ajustado delantal, mostrándose prominentes.

Aunque no se veían sus rosados pezones, de amplia aureola, las tetas eran tan grandes que el propio delantal no las cubría, si la mirabas frente, se las veía escurrirse por los lados.

Por detrás, solo con la fina cuerda enlazada separaba la espalda de su trasero redondo, y voluminoso. Este, aunque grande, está levantado, respingón, sobresaliendo de su cuerpo, le daba un punto muy sexy, su notoriedad provoca una vista muy agradable cuando estaba quieta, pero, sobre todo, cuando caminaba, desplazaba las nalgas arriba y abajo como ascensores, con un movimiento que las separaba, dividiendo los cachetes de manera independiente, balanceándose a un ritmo constante. La celulitis que se marcada en esta parte y en sus anchos muslos, no la hace desagradable, todo lo contrario, daban ganas de sumergirse en el, de adentrarse en las dos deliciosas cavidades que albergaban las montañas formadas por sus glúteos.

Sus piernas cuidadosamente depiladas, irradiaban suavidad, son finas hasta la rodilla, y dan paso a unos jugosos, grandes y redondos muslos que rozan la entrepierna cuando anda.

Había decorado su pecho con algo de brillantina, depilado completamente su entrepierna, ni un solo pelo, se podía encontrar en su cuerpo, salvo su melena morena y ondulada hasta los hombros.

El cocinero, Félix, le explicaba detalladamente a mi mujer como trabajaban en la cocina, y aprovechaba para mandarle pequeños recados como traer platos, recoger productos de los estantes más altos y otros trabajillos que hacían en sus movimientos bambolear sus pechos, que al salir del delantal mostrándose en todo su esplendor, ella volvía a situar dentro.

Le ordenaron abrir uno de los cajones situados en la parte más baja, Monica encorvó su espada dejando todo su culo delante del Cocinero y el perfil, frente al metre, de donde se podían ver sus tetas colgando, este sin pensarlo, se lanzo a agarrarle una de ellas. Félix que solo se había atrevido a mirar y ponerse cachondo, comprobó que Monica no ponía ninguna pega, más bien consentía con complacencia el tocamiento, pues mantuvo la posición con el culo en pompa hasta que el metre se canso de manosear y apretujar el pecho como si fuera el primero que tocara en su vida y deslizar la otra mano hasta su culo, el cual pellizcaba con toda la palma.

Todos nos dimos cuenta aunque nadie dijo nada, fue el punto de partida para que las manos empezaran a deslizarse. Pedro y Ana, espectadores de lujo, aunque de alguna manera creo que lo tenían preparado, cuchicheaban y sonreían

Félix, los miro y ellos lo animaron con gestos. Llamo a Monica, la situó a su izquierda le puso la mano en la cintura y mientras le explicaba cómo acabar el plato bajaba lentamente la mano hacia su culazo, primero acariciándolo suavemente, recorriendo toda su inmensidad, deleitándose un buen rato para luego apretarlo calvando todos sus dedos en él. Ella consintió.

Lo estás haciendo bien.

Tu también dijo ella.

Pero mejor así, deja que la salsa moje el bizcocho

Se situó detrás de ella, le agarro las manos mostrándole el movimiento para echar la salsa y aprovecho para restregarle el paquete entre la raja de su carnoso trasero. Monica lo recibió con gusto, empinándolo y haciendo círculos frotándolo enérgicamente contra el bulto del cocinero.

Monica se volvió hacia mí, que continuaba intentando mantener alejada a Maria que tras pellizcarme las nalgas una y otra vez había pasado a hurgar bajo mi tanga; hasta que sin ningún descaro corto el lateral de mi tanga, que se desprendió dejando mi verga morcillona al aire.

Decía esto al tiempo que volvía a dejar la mano izquierda sobre su culo, acariciándolo con avidez, mientras el metre se esforzaba en explicarle el procedimiento de montar el plato. No contento con repasar el trasero de mi mujer y ante la hermosa vista de sus pechos alargo la mano hasta agarrarle uno de ellos. Monica se dejaba hacer, seguía pendiente de la explicación del metre, como si no fuera con ella los tocamientos. Hasta que Félix no aguanto más y comenzó a besarle el cuello y alargo su otra mano hasta el otro pecho, ahora tenía cogidos los dos, bajo el delantal y los apretaba con deseo intentado que nos se le escurrieran entre las manos, pero no podían eran muy voluminosos para sus zarpas que a pesar de sus esfuerzos no podían contenerlos.

El metre, al ver que ya daba igual el plato, dejo lo que estaba haciendo, paso su mano izquierda bajo el tanga húmedo de mi mujer buscando su sexo, su otra mano había tomado el camino de atrás y se mantuvo ocupada en disfrutar de sus "mollosas" nalgas. Ahora Monica era manoseada por todas partes, la saliva del cocinero la notaba en su cuello y hombro y podía oler su aliento cerca de su boca.

Te gusta que te toquen, ¿verdad? Le susurro uno de ellos

Eres una puta. Tu marido el muy cabrón esta hay y tu sobada por dos extraños.

Dejar de tocarme y darme algo más.

Quieres carne, guarra.

Esto es un restaurante, ¿no?

Monica se volvió cara a ellos que la ayudaron a sentarse sobre la bancada. Le sacaron por encima de la cabeza el delantal, sus enormes tetas quedaron a la vista de todos.

Joder, me voy a poner las botas.

Dijo el cocinero que buscaba los labios de mi mujer para disfrutar de su lengua, la muy zorra los recibió y juguetearon con sus bocas mientras continuaba manipulando sus pechos como si estuviera amasando pan.

El metre le había sacado el tanga, y había situado su cabeza entre las piernas de ella; su lengua degustaba los fluidos del coño de mi mujer con frenesí.

Maria que hasta el momento se había conformado con juguetear con mi rabo, me dijo que me sentara y procedió a chupármela. Esa mujer no se metía una polla en la boca desde hacía mucho tiempo porque lo hacía fatal, desordenadamente, pero eso no evito que se me pusiera tiesa y dura como una barra de hierro, mas, por ver como se lo montaban con mi mujer que de cómo lo hacia esta señora.

¿Lo tiene ya húmedo?

Ya lo creo.

Pues déjame ahí

El metre se aparto y el cocinero se bajo los pantalones, tenía una polla pequeña pero muy dura de lo excitado que estaba. El era un tipo alto y gordo, de unos 50 años, su cintura llegaba de sobra a la altura de coño de mi mujer sentada sobre la bancada con las tetas al aire; busco la entrada y metió como pudo su polla, su barriga rozaba con la de mi mujer, eso la obligaba la posición de su pelvis para facilitar la penetración. Félix apoyaba sus manos en los muslos de Mónica y la envestía con empujones cortos e intensos

Las gotas de sudor del cocinero caían sobre el cuerpo de Monica, en cada empujón, como una lluvia, su cara cada vez mas roja, una de sus manos sobre sus muslo para abrirle las piernas y la otra agarrando en forma de pinza uno de sus descolgados pechos; mas que gemidos emitía gruñidos, más intensos cada vez, al igual que su velocidad en la penetración.

Que puta eres. Que tetas, dios que tetas, decía mientras las continuaba apretándolas.

Córrete, vamos, córrete.

Vaya tetas, vaya tetas, ohh, ohhh.

Apoyo su cara en los melonazos de mi mujer, rezumando sudor y lamiendo sus pezones, mientras descargaba todo dentro de su coño. Se abrazo a ella apretando su barriga contra los pechos, su liquido acabo todo dentro.

Espero que tomes la pastilla, porque este semen deja preñadas. Pero, Monica no dijo nada, estaba insatisfecha después del polvo. El grandullón había buscado una rápida eyaculación y no le había causado placer.

El cocinero se subió los pantalones antes de apartarse de mi mujer y se unió unirse a Pedro y Ana que continuaban mirando.

Maravilloso.

¿Qué te ha parecido? Son buenos ¿verdad?

No sé de donde los habéis sacado. Pero ella tiene un coñazo estupendo.

¿Y las tetas? ¿Qué? Le dijo Ana.

Jugosas. Me he corrido antes porque me ponía mucho verlas botar arriba y abajo.

Deberías haberte hecho una cubana. Le comento Pedro

¿Crees que ella se ha corrido?

Seguro, no has oído como jadeaba.

Mira tú metre, ya está preparado. Rieron todos al ver como se masturbaba mirando a mi mujer.

El metre se había desnudado y esperaba su turno, con la polla tiesa. El hombre tenía un pene extraño era largo, muy fino y recto, al estar en erección parecía más la nariz de Pinocho que una polla. Monica se bajo de la mesa, limpio el semen que le caía de la vagina y le agarro la polla. El hombre empezó a sobar su cuerpo desordenadamente, con ansia, pasaba de las ubres al culo, los muslos, toqueteaba todo el suave cuerpo de mi esposa.

Que tetas tienes. Que grandes. Que hermosura. Voy a chuparlas.

Tranquilo. Chúpalas tranquilo.

Ponte de rodillas, voy a follarte las tetas.

Tú sí que sabes. Le animo Pedro desde el grupo de observadores.

De eso nada guapo, ya la tienes bien dura, métemela

El metre se sentó en una banqueta. Monica entendió lo que quería ajusto el mástil a su coño, noto como entraba fácil, balanceo su cuerpo adelante y atrás para comenzar a botar encima de él

Ahora sí. ¡Qué gusto! ¡Qué tetas! Dios. Decía el metre mientras se agarraba a los pechos de mi esposa.

Nunca habías tocado unas tetas como esas, ¿eh? Le dijo Ana.

¡Joder! mira como botan.

Aprovecha que no tendrás otra oportunidad como esta en mi cocina. Le grito el cocinero.

Monica continúo encima de la fina verga, saltando y jadeando hasta que se canso. Se puso de pie, se apoyo en la bancada y le mostro su culo con una palmada.

Dame por detrás.

¡A cuatro patas! Gritaron los tres espectadores.

En este suelo me hago polvo las rodillas. Les repuso Mónica.

Félix le trajo una especie de pequeño colchón, lo puso en el suelo, al tiempo que aprovechaba para sobar de nuevo los botijos de mi mujer que permanecía de pie a la espera. Se arrodillo, apoyo las palmas en el suelo, disponiéndose a cuatro patas para recibir más embestidas. Sus melones colgaban lustrosos, rojos por las veces que habían sido manoseados; las aureolas grandes, rosadas, se percibía su excitación. El culo en pompa quedo cara a los observadores.

¿Has visto que culo?

Un poco blando. ¿no?

Y celulítico.

Pero muy follable.

Dale por el culo, invito Pedro al metre.

Por el culo, no. Ni se te ocurra. Lo estás haciendo muy bien. Sigue follandome. Dijo Monica, incorporándose de nuevo y volviéndose hacia su amante.

Venga Monica, si te gusta.

Cállate y déjalo como esta. Le replico Ana a Pedro.

El metre se arrodillo detrás de ella, la empezó a penetrar, pero al poco rato paro, provocado por la incomodidad de los movimientos

¡Joder! Si que te haces polvo las rodillas. Dijo el hombre

Te lo he dicho.

Mi mujer apoyo los brazos en el suelo y apoyo la cabeza en ellos, su culo quedo más elevado. El metre la penetro con fuerza desde arriba dominándola.

Mirar como se le mueven las tetas.

Dale caña.

Abrazaba la talla 120 con los brazos mientras la culeaba. Jadeaba y le volvía a increpar sobre el tamaño de sus pechos. De pronto se apoyo sobre ella agarro una teta con cada mano, dispuesto a correrse.

Espera, no te corras.

Voy a correrme

Ponla aquí

Monica se volvió, le presento sus pechos y recibió la verga entre ellos, pero en poco tiempo, antes de la tercera arremetida en medio de las montañas, en menos de 10 segundos ya brotaba la leche entre ellas.

Félix el cocinero le acerco un trapo para que se limpiara el semen que le escurría por el canalillo dándole al mismo tiempo unas frutas bañadas en un caliente chocolate. Ella se volvió a sentar en la barra para degustar esos manjares.

Vamos a dejar que Pedro pruebe el pastel.

Bueno dijo Monica

¿Quieres probar los melones con chocolate?

Como no. Dijo Pedro de forma agradecida dirigiéndose a donde estaban.

Miro a los ojos a mi mujer y lamio la salsa que se escurría en sus pechos, ella le acaricio el pelo apretándole la cabeza y suspirando por los mordiscos que le propinaba.

Más Chocolate.

El cocinero volvió a verter sobre los pechos unas cucharadas, que Pedro continuaba degustando. Incluso, ante mi sorpresa, Ana la mujer de Pedro también probó el rico pezón bañado en chocolate.

Yo era el que peor lo pasaba, cuando vi que Maria se quitaba las bragas

Monica, relajada protagonista del momento, sonreía de forma picara al verme follando con la gorda de la cocinera.
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Desfile erotico
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A mi mujer Mónica y a mí, siempre nos había gustado exhibirnos; cuando éramos novios, ella hacia topless en la playa, íbamos a playas nudistas o follábamos en el coche en lugares donde sabia que nos estaban mirando. Pero después de tener los niños nos había dejado de excitar. En esta nueva historia os vamos a contar como íbamos a disfrutar de nuevo de esta experiencia, pero en esta ocasión iba a ser distinto. La aventura empezó el día después de la fiesta. (Ver cadena de favores- la fiesta)

Llegamos a la reunión con Tato a la hora prevista y nos recibió en el despacho donde estuvimos follando el día anterior.

Hola.

Hola ¿Qué tal? Veo que habéis venido. De verdad os lo agradezco pero no va a ser necesaria vuestra participación, ya hemos encontrado a otros. Dijo Tato.

¿y qué hay de mi reunión con Doña Clara? Ayer me dijiste,…

No te preocupes, bonita, déjame ver. Dijo mientras abría su agenda.

¡Tato!, sonó una voz nerviosa de mujer junto a la puerta. Son ya casi las cuatro.

Si, enseguida salgo.

, ¿Vosotros sois lo que ibais a desfilar? Nos pregunto la mujer.

¿desfilar? Dijo Mónica.

Si, estos eran pero vendrán Laura y Tomy.

No, que se queden, podíamos pasar a dos parejas.

¿Estás segura?

Acompáñalos a la habitación Trento.

¿Qué dice esta señora? Dijo Mónica.

Belén es la coordinadora de desfiles. Os dije que os quería para algo atrevido. Es un simple desfile.

¿Desfile?

Doña Clara organiza desfiles privados de alta costura solo para sus allegados y cuando estos acaban le prepara un desfile erótico. Hemos contratado una pareja erótica, la verdad es que ella es una puta y él un gigoló, y de los caros. Os paseáis desnudos delante de los invitados y os meterán mano. Después de la exhibición que me disteis ayer no creo que sea difícil para vosotros

Lo veo un poco ridículo.

¿sigues interesada en esa reunión? Entonces haz lo que os digamos y procurar que salga bien. Seguidme os daré mas detalles por el camino.

Yo me encontraba desconcertado y miraba a Mónica con cara de extrañeza. Seguimos a Tato por el pasillo, bajamos unas escaleras y abrió una puerta.

Hola. Estos son Laura y Tomy, ellos os explicaran lo que tenéis que hacer. Yo me voy a seguir con lo mío. No me defraudéis.

La habitación era una especie de camerino, como los de teatro, totalmente equipado para prepararse para la actuación.

Laura y Tomy se presentaron y nos saludaron amablemente. Laura era una mujer espectacular, la tía mas buena que a día de hoy he visto en mi vida, tendría como 22 ó 23 años, mediría casi 1,80, muy delgada, de curvas marcadas, piernas largas que acababan en un culo pequeño y prieto, de pechos muy grandes, redondos, recios y siliconados. Su cara era redonda, de ojos azul intenso y cabello rubio. Su piel de un moreno a medio camino entre los rayos UVA y el sol de la playa. Por su acento pronto descubrimos que era del Este de Europa

Tomy era un chico realmente guapo, de ojos marrones, pequeña nariz y labios muy sensuales, no creo que tuviera más de 24 ó 25 años, de mi altura, pero a diferencia de mi, tenía un cuerpo trabajado en el gimnasio, moreno, de anchas espaldas, pectorales y abdominales marcados, y un culo con el que podía partir nueces.

¿De qué va esto? Dije yo todavía absorto en las tetas de Laura que abultaban marcadas dentro de su camiseta de tirantes.

¿No os han dicho nada?

Solo algo de un desfile erótico.

Doña Clara organiza un desfile erótico para complementar sus desfiles privados. Son amigos muy cercanos y algunos invitados. Pero ¿no venís de ninguna agencia?

¿Agencia? Dije yo. Mi mujer busca un favor del imbécil de Tato.

¿Qué tenemos que hacer? Pregunto Mónica.

Ahora nos traerán la ropa que nos debemos poner, nos arreglaran nos maquillaran y dentro de un par de horas saldremos. Belén nos dará las instrucciones. Desfilaremos casi desnudos y si nos queda algo de ropa nos la quitaremos delante del público, nos suelen ser más de 15 ó 20 personas. Cuando terminemos, nos mezclaremos entre el público como si fuéramos parte de la fiesta, entonces te meten mano mientras hablan contigo. Tu simplemente sonríe y haz como si fuera natural, como mucho alguno te pedirá que se la chupes o le hagas una cubana no suelen pedir mas aunque la mayoría de ocasiones te sobetean o te lamen las tetas, nada muy complicado. Los chicos lo tienen peor, muchas veces han tenido irse al reservado a follarse a algún vejestorio.

Estuvo un buen rato comentándonos los pormenores de la actuación, hasta que llego Belén con otras dos chicas (una maquilladora y una modista) nos entrego la ropa y comenzó a probárnosla.

Cuando Laura se saco la camiseta y puede ver su sujetador de florecitas, que albergaba esos grandes melones, me quede con la boca abierta, pero cuando se lo quito todavía fue mejor, dos grandes tetas redondas perfectas, de pezón rojo intenso, rectas, desafiando a la ley de la gravedad, y con aspecto de duras que daban ganas de tirarse a morderlas.

Vaya, tú también usas una buena talla de sujetador. Le dijo Mónica a Laura.

Si, la 110. De otra forma no estaría aquí. Lo morboso para ellos son las grandes tetas. Van a tocártelas y tocártelas toda la tarde, les gusta tenerte al lado, desnuda mientras hablan contigo. Pero no te preocupes, intenta mostrarte muy natural como si fueras vestida y no te estuvieran metiendo mano. Otras veces estarán hablando de política, negocios o futbol y te querrán como una estatua, cerca de ellos y para de vez en cuando poder soltar sus manos por todas partes.

Todos empezamos a desnudarnos, Mónica saco también al aire su talla 120 de pecho, ya os he comentado en otras ocasiones como es ella, todo lo contrario a Laura, más bien bajita 1,65 m, de muslos gordos, su culo dos veces más grande que el de la rusa, y su barriguita, no mucha pero en comparación con nuestra nueva compañera totalmente plana, parecía más gordita de lo que realmente era.

Tomy era un chico muy serio, apenas hablaba; al desnudarse comprobamos que estaba tan cachas como buena polla calzaba. Pero, en eso, yo no tenía nada que envidiarle, tal vez, el a mí.

Nos repartieron la ropa, yo estaba deseoso de ver que les pondrían a las chicas sobre todo a Laura. A mí me disfrazaron de escocés, me dieron una faldita de cuadros y una rimbombante camisa con volantes. La peculiaridad era que la falda era sumamente corta y al no llevar ropa interior, por debajo se podía ver la punta de mi rabo. Me puse unas medias de cuadros y unos zapatos con borlas que me apretaban. Si no hubiera sido por la calidad de las prendas, me hubiera sentido un estúpido.

A Mónica le dieron una especie de peto vaquero muy abierto por los laterales, dejando ver desde ellos sus grandes pechos colgando. El peto acababa en un pantalón sumamente corto que le marcaba bien la entrepierna y dejaba al aire parte de los cachetes del culo. Le entregaron un mini tanga, tan solo un hilillo de color fluorescente, incrustado con lentejuelas, que se perdía en su molloso culo. La peluquera le hizo unas trenzas, y complementaron con un sombrero vaquero y unas bonitas botas camperas de alto tacón.

A Laura la vistieron al estilo de la corte francesa del siglo XVIII. El corsé, que dejaba ver la mitad superior, hasta casi el pezón, de su pecho, le levantaba los melones tanto que casi le llegaban a la boca, la verdad, la veía un poco ridícula si no fuera porque en la parte de abajo un tanga similar al de mi mujer pero de color rojo liso y una minifalda bien corta, dejaban lucir sus largas y atractivas piernas rematadas con unos botines con tacón fino que todavía la hacían más alta.

Tomy vestía apretado, tan apretado que se marcaban sus pectorales en su camiseta de licra, y su pantalón ajustado como uno de esos culotes de ciclista.

Belén nos dio las últimas instrucciones en la forma de desfilar y de ofrecernos a los invitados. Lo hacía con suma naturalidad, de manera muy profesional, como si se tratara de un desfile de verdad.

No os preocupéis, seguirlos a ellos y dejaros hacer. Eso sí, totalmente prohibido tocar a alguien, si no os lo piden expresamente. Nos señalo a Mónica y a mí. ¿de acuerdo?

Llegamos a la antesala donde nos esperaba Tato con dos cajas en las manos. Abrió una de ellas, se acerco a Laura y le coloco un enorme collar de diamantes, que acompañaba perfectamente con el corsé. A Mónica la obsequio con un cordón estilo vaquero de cordones de oro y enganche de diamante. A mí me entrego un broche con una especie de escudo y a Tomy un reloj.

Tener cuidado con esas piezas, valen más que vosotros. Tenemos que conseguir un comprador sobre todo para los collares. Así que ya sabéis, quitároslo todo menos eso y lucirlo bien.

La verdad es que estaba un tanto nervioso y me sentía un poco ridículo. Mónica se acerco, me dio un beso y me dio ánimos.

Desde donde estábamos, podíamos ver la sala; era grande, estaba despejada, tan solo en el centro una alfombra por donde debíamos desfilar y situadas al fondo unas mesas donde las aproximadamente 20 personas que asistían disfrutaban del catering. Entre los invitados, ante mi sorpresa estaban Ana y Pedro, nuestros vecinos y otras veces anfitriones (ver cadena de favores – el traslado).

Belén tomo el micrófono y comenzó la presentación. En seguida los asistentes se situaron de pie a los lados de la alfombra.

- A continuación vamos a proceder al desfile especial. Siéntanse libres para participar de él. Todo está permitido.

Laura salió la primera, con paso firme, contoneándose con elegancia, sus pechos apretados por el corsé pretendían salir de su envoltorio, el amplio canalillo entre ellos se hacía más evidente en cada uno de sus movimientos y su corta minifalda dejaba ver el subir y bajar de sus nalgas.

Hizo una parada y un par de manos se deslizaron por debajo de su falda para tocar su culo; ella sonrió y dejo que se deleitaran con sus prietas carnes. Continuo su paso hasta el final de la alfombra donde otro par de manos fueron a parar a sus pechos, al tiempo que su trasero era invadido de nuevo, ella volvió a ser complaciente ofreciendo su mejor cara, mostrando agradeciendo por el tocamiento.

Recorrió el camino de vuelta hasta entrar de nuevo en la antesala, en el momento que salía Tomy. Que al irrumpir ante la gente se saco la camiseta mostrando su espectacular torso, hizo el mismo recorrido que Laura y la todas las mujeres de la sala le echaron mano, incluida doña Clara.

Al terminar Tomy, era el momento de Mónica. Sus botas camperas pisaron la alfombra, mientras Belén presentaba su ropa como el tradicional estilo vaquero. Aunque ella lo intentaba, sus andares no eran los de una modelo, pero la enormidad de sus pechos fácilmente visible por el lateral del traje causo revuelo entre el público de ambos sexos. Durante la primera pose sintió las manos introducirse entre su ropa para apretar sus balones, manos femeninas y masculinas buscaban alcanzarlos llamadas por el balanceo que le proporcionaba el desbaratado caminar. La gran demanda, prolongo sus paradas más tiempo del previsto. Cuando paso frente a Ana y Pedro, giro para volver sobre sus pasos, les sonrió y el situando sus manos por cada lado del peto y le junto los globos con fuerza, Mónica le guiño un ojo con cariño y le cogió la mano a Ana. Termino su pasarela con varias zarpas buscando los mofletes marcados por corto y ajustado pantalón.

Me tocaba a mí, yo siempre había sido bastante patoso para estas cosas, me arme de valor y salí al ruedo. Un buen trozo de mi polla se veía sobresaliendo bajo la falda lo que causo algunas risas, pero varias manos se colaron para agarrarla o sobarme el culo.

Cuando volví a la antesala, mis tres compañeros se habían quitado la ropa y esperaban la orden de Belén. Era excitante ver tanta carne al desnudo.

Os toca salir de nuevo, esta vez solo con las joyas.

Laura, en tanga luciendo, sobre su esplendido moreno, los botines y el magnífico collar. Sus grandes tetas siliconadas, redondas, rectas, solidas de color homogéneo y pequeño pezón. Mónica, tan solo cubierta por el sombreo de cowboy del que colgaban sus trenzas, el tanga fluorescente, y el cordón de oro que se deslizaba sobre el canalillo que separaba sus hermosos melones. Tomy también despojado del pantalón, lucia solo un tanga negro, que marcaba bien su paquete y los cachetes de su firme culo.

Yo hice lo propio, me despoje de la falda dejando mi verga la aire, que con la excitación del momento estaba morcillona y algo húmeda. A diferencia de los demás, y siguiendo las instrucciones de Belén, me deje puesta la camisa.

Nuestra entrada vino introducida por Belén: "Nuestros modelos nos van a presentar la colección de joyas diseñadas por Doña Clara"

Salimos en fila con Tomy a la cabeza, la sala rompió en un aplauso, tras el paseo, ceso la música dando por concluido el desfile, y los cuatro nos acercamos a la gente.

Un señor calvo y bajito de unos 50 y tantos se acerco para ser el primero en lanzar las garras sobre las tetas de Mónica, que respondió amablemente a la cruel embestida.

¿Son naturales?

Naturalmente. ¿le gustan?

Mucho más que las de esa. Ves, son naturales. Dijo a otro hombre, al tiempo que se las agarraba con las dos manos.

¡Vaya par! Dijo el segundo, mientras deslizaba su mano por el culo de mi mujer, esperando para poder tocarlas.

En cuanto estuvieron libres el segundo hombre, arremetió contras ellas, mientras el otro se restregaba con su muslo y le susurraba al oído:

¿te gusta que te coman las tetas?

Me encanta. ¿me las podría comer por favor?

Mi mujer levanto las tetas con sus manos presentándolas a los hombres como dos pasteles que empezaron a devorar con ansia, al tiempo que uno de ellos le pasaba la mano por la entrepierna. Mónica sonreía.

Están ricas ¿verdad? Coméroslas todas, no dejéis nada.

Laura estaba rodeada de un grupo de tocones envuelta en una maraña de manos, su culo, sus muslos, las tetas, la entrepierna, roces y algún agarrón que acabo con su tanga dejando su pelado coño al descubierto. Uno de ellos la acompaño a ponerle una copa agarrándola por su culito. En cuanto se sentaron, vi como le introducía uno de los dedos en la vagina, creyendo proporcionarle placer.

Eso fue lo que vi hasta notar una palmada en mi trasero.

Hola. Era Ana.

No esperaba verte aquí. Veo que le habéis pagado el favor a Tato. Que mal negociáis. Ven te voy a presentar.

Me invito a sentarme en el sofá entre ella y otra señora, de cuarenta y tantos, muy guapa y elegante que me presento de inmediato.

Ana echo mano de mi polla con toda naturalidad, sin dejar el tema de conversación que mantenía con su amiga.

Me la tocaba despacio, apretándola con suavidad en toda su extensión, fácilmente consiguió que se pusiera erecta. Dejando entonces el inhiesto falo libre para que su amiga lo tomara.

Me puso a cien. Mi tranca alcanzo su apogeo ante la sorpresa y la risa de la mujer.

- ¿Habías visto alguna vez una como esta?

- Vaya ejemplar. Añadió mientras lo envolvía con las dos manos

Pero el que tenía verdadero éxito era Tomy, se encontraba en el centro de un grupo de mujeres, que reían y no paran de sobarlo, su tanga también había desaparecido y una cincuentona se había arrodillado para chupársela.

Yo podía ver a Mónica pasar de grupo en grupo siendo manoseada por unos y otros, justo a un par de metros podía escuchar a unos señores hablando de política, uno de ellos, el mayor, de pelo blanco, le hizo una señal a mi mujer con la mano para que se acercará, el que estaba a su lado aprovecho para manosear su talla 120. El hombre del pelo blanco le puso la mano en el hombro, forzándola a agacharse, se bajo la cremallera y saco su flácida polla. A ella no le quedo más remedio que mamársela. Todo siguió tan normal, ninguno del grupo hizo si quiera un comentario sobre la presencia de la feladora.

- Mira como chupa tu mujer. Parece que le gusta mucho. Esta echa toda una putita cuando quiere conseguir lo que se propone. Señalo Ana.

Ver a mi mujer delante de mí, de rodillas, con las botas camperas, sus coletas y las tetas moviéndose al compás de los lametones, que le proporcionaba a la polla de un desconocido, todavía me ponía más cachondo.

La señora continuaba, masturbándome, esta vez con más intensidad.

- Vas a hacer que me corra.

El que si se corrió en ese momento, era el hombre del pelo blanco, que agarraba la cabeza de mi mujer para dejarle la leche dentro de la boca, ella se volvió y la escupió en el sombrero. El señor de al lado se metió la mano en el bolsillo y le dio un pañuelo, Mónica se limpio y al devolvérselo vio que había sacado también su verga. Ella sin otra escapatoria estuvo mamando hasta ver como se corrían en su boca el segundo y el tercer hombre. Lo increíble del asunto es que en ningún momento cambiaron el tema de conversación y siguieron como si ella no estuviera, tan solo algún gemido de placer y un suspiro al eyacular en la garganta de ella.

El cuarto que se corrió pero no es su boca, sino en la mano de Ana que había tomado el relevo a su amiga, fui yo. Ante la satisfacción y las risas de las dos mujeres por el trabajo bien hecho. Busque al resto de los compañeros y vi como Tomy le comía el coño a la misma cincuentona que se la chupo y Laura hacia una paja con las tetas a otro señor sentado en uno de los taburetes cerca de la barra.

Mónica apenas recuperada de las felaciones, noto como un paquete le rozaba el culo.

¿Te acuerdas de esto? Lo tuviste bien dentro (ver cadena de favores-Reunión anual 2). La sorprendió Pedro mientras se restregaba por detrás, sujetándola por las caderas evitando que se separara de él.

Pedro, suéltame. ¿no te había visto?, añadió Mónica girándose para tenerlo de frente.

Que tetazas tienes, me encantan. Y se las sujeto dejando que se le escurrieran entre las manos.

Al mismo tiempo otro hombre que pasaba por detrás le sobeteaba el culo para acabar dándole una palmada.

Deja que te presente, este es Fran el hermano de Tato.

Fran era un hombre alto, con la misma complexión de Tato pero su cuerpo estaba más abandonado, tenía una barriga cervecera, papada, pero vestía muy elegantemente de traje, olía muy bien y hablaba con cortesía.

¿Cuándo vamos a repetir el anal? Le propuso Pedro. Al tiempo que buscaba con el dedo su ano

Cuando quieras. Pero ya sabes cuál es el precio. ¿te atreverás? Le respondió Mónica.

Si que juegas fuerte. Tarde o temprano llegaremos a un acuerdo, siempre lo hacemos así.

Mónica se rio, le cogió de la mano y se volvió hacia Fran, que parecía ajeno a la conversación, se concentraba en tocarle con una mano el coño y con la otra le sujetaba la teta derecha mientras le lamia el pezón.

Si hay sexo anal yo me apunto

Laura rescato a Mónica de los dos hombres, la cogió de la mano y cruzaron la sala buscando a alguien. Yo estaba sentado en el sofá y pude ver como pasaban delante de mí, desnudas, pletóricas con sus pechos al aire moviéndose arriba y abajo, tan distintas más grandes los de mi mujer que los de Laura, pero a diferencia de ella, eran naturales y estaban más caídos que los proyectiles de la rusa. El contraste de color de sus blancos pechos con el resto de su cuerpo más moreno le daba un toque muy morboso a Mónica. La diferencia de edad y de cuerpo entre ellas era evidente y estaba causando sensación entre los asistentes. Atravesando el salón fuero palmeados sus culos en un par de ocasiones.

Ven voy a presentarte a Don Ramón. Se acercaron a D. Ramón y Dña. Clara.

Así que esta es nuestro nuevo fichaje. Tienes unas tetas bien grandes. Alargo la mano sopesándolas. ¿Qué talla es?

Una 120.

Un poco caídas pero no están mal. Son bien gordas como te gustan a ti. Añadió Doña Clara que también las sopeso con la mano.

Pero me gustan más jóvenes. Estas ya están muy usadas. Decía mientras le agarraba el pezón.

Las dos se despidieron de Don Ramón con dos pesos muy próximos a los labios.

Mónica, espera. ¿Conoces a Raúl T.? y le señalo al hombre bajito y calvo que le había estado metiendo mano.

Sí, he estado con él hace un momento. Es muy simpático.

Agradezco tu complacencia pero de simpático no tiene nada. Eso sí, es muy rico. Me ha dicho que quiere comprar el cordón que llevas, pero quiere quitártelo el mismo. ¿me entiendes?

Eso significa que …

Lo que tiene que significar. Le he dicho que se lo darás en persona en esa sala. Ves y espéralo allí. ¿lo harás?

Veré si se desabrochármelo sola.

Te debo un gran favor.

Vi dirigirse a Mónica a la habitación anexa y poco después al hombre calvo. Cuando este entro en la habitación, mi mujer lo esperaba sentada en un sillón.

Me ha dicho D. Ramón que quiere comprar el collar. ¿puede quitármelo por favor?

El hombre se situó detrás de ella le saco el collar, al notarlo en su trasero movió su culo en círculos restregándose en su paquete, le cogió las manos y las apretó sobre sus melones. Cuando noto el paquete duro le bajo la cremallera y empezó a masturbarlo, se arrodillo, le escupió sobre la polla y se la puso entre las tetas. El hombrecillo se movía como un poseso entre las ubres de mi mujer hasta descargar su andanada entre ellas.

Mientras, le pasaba esto a Mónica, yo le daba conversación a una cincuentona que no dejaba de agarrarme el rabo. Se acerco Tato, cosa que agradecí y susurrándome al oído me dijo

¿te atreves a follarte a Laura delante de todos?

Con lo cachondo que me encontraba y lo buena que estaba Laura no quise perder la oportunidad. Tato le hizo una señal a Laura que se acerco a mí y me ordeno tirarme al suelo.

Me puso el coño en la cara y se inclino para chuparme la polla. Nos marcamos un 69 ante los aplausos de la gente que hicieron un corro alrededor nuestro. Una vez bien húmedos, y entre gemidos, Laura se levanto y me monto dándome la espalda, de esta manera el publico podía ver y tocar (y no fueron pocas manos las que lo hicieron) su delantera que saltaba de arriba abajo a consecuencia de la penetración.

Yo no me lo podía creer, me estaba follando a la tía mas buena que me he follado en mi vida. Era la segunda vez que me follaba a una siliconada (ver cadena de favores – la piscina) Delante de un montón de gente para más morbo. Ella dirigía en todo momento. Se volvió y se puso a cuatro patas y le cogí el coño por detrás. Ahora era yo el que notaba alguna mano buscar mi ano para introducirle un dedo.

Saque la polla de detrás ella se volvió boca arriba y le descargue mi semen en su pecho. Ella se lo restregó y ante el aplauso del público nos levantamos y nos retiramos al camerino.

Durante ese tiempo vi pasar detrás a mi mujer camino de la antesala, andando rápido.

Entro para lavarse la corrida del señor Raúl, se metió en el pequeño baño de la antesala y al salir se encontró con Pedro y Fran

¿Has estado con Raul? Le habrás echo una paja, ¿verdad? Ese es poco exigente Le dijo Pedro

A ti que más te da.

A mí me da igual, pero ¿no habrás venido a esta fiesta y te ibas a ir sin que te follen?

La verdad es que dispuesta estoy. Pero no te va salir gratis.

Prepara tu culito. Tengo moneda de cambio.

Si, ¿Qué tienes?

Exclusividad de ventas para la familia O.

¿La familia O? no me digas que los conoces.

Los conozco o no dependiendo de tu culo.

¿quieres metérmela por el culo?

Queremos meterla por el culo. Se sumo a la conversación Fran. Dice Pedro que es un culo muy especial. Yo también quiero probarlo.

¿Quién crees que es el asesor de imagen de la familia O?

De acuerdo pero de uno en uno, mientras me folla uno el otro espera ¿Quién es el primero?

Mi mujer se apoyo contra la pared y puso el culo en pompa.

Aquí esta. Todo tuyo. ¿vas a follarmelo bien o te correrás a las primeras de cambio?

Recuerda que debes estar calladita y complaciente, no has venido aquí para disfrutar.

Pedro separo los glúteos, alzados ante él, con sus manos y con su lengua degusto la cavidad anal de mi mujer como el que lametea un panal de miel. Ayudado por su dedo índice preparo el agujerito para la introducción haciendo círculos hasta meterlo dentro.

¿preparada?

Deseosa

Se saco la polla busco el ano y despacio, con mucha suavidad en un solo movimiento, la penetro, hasta que estuvo dentro completamente. Lentamente la metía y la sacaba haciendo que el agujero se adaptara a su tamaño. Se comenzó a mover con lentitud disfrutando del máximo roce en las paredes del intestino, rozaba su miembro en los cachetes de sus abultadas nalgas antes de profundizar en la penetración.

Eso, despacio y hasta el fondo. Sigue así.

Los balones que Mónica tenia por pechos y sus coletas se movían según los acordes de las envestidas del sodomizador; marcados por sus manos apoyadas en los glúteos. El balanceo de los pechos no paso inadvertido para Fran que se había despojado de sus pantalones y se preparaba para entrar en acción. Viendo el atractivo desplazamiento arriba y abajo opto por agarrarle uno de ellos.

Déjame. Espera tu turno. Dijo Mónica.

Tranquila guapa. Te voy a partir en dos.

Pedro cógemelas, tu.

Mónica altero su postura para formar con su cuerpo un ángulo de 90 grados. Pedro se abalanzo sobre ella con las dos manos sobre las ubres

Me corro, lo voy a dejar dentro.

No seas cabrón, que luego voy yo. Le increpo Fran

Déjalo que disfrute. Suéltalo, desahógate.

Mónica noto como el caliente semen regaba su jardín trasero, Pedro se separo y mi mujer se puso a cuatro patas, esperando a Fran que detrás de ella se enfundándaba el condón. La enculo como lo hacen los perros; dejando su peso encima de ella para poder disfrutar del tacto de sus hermosos melones. Resoplaba y gemía con fuerza

Vaya culo. Vaya tetas.

Mueve el culo como tú sabes, la animo Pedro.

A pesar de tenerlo agarrado por encima, Mónica movía los glúteos como ella sabía maximizando el contacto de la polla en cada entrada y salida al agujero.

Joder, que gusto. Sigue así, nena, sigue.

Mola, ¿verdad?

En la vida me he follado algo así. Ahh, ahh.

Déjale el culo escocido. A ella le gusta. ¿verdad? Le pregunto Pedro.

Me encanta, sigue follándome, haz que me corra.

Fran no tardo en eyacular, sus últimas sacudidas fueron lentas y profundas, se quedo un rato agarrado a las tetas de mi mujer de las que no se había separado desde que comenzó a montarla.

Vamos, viene alguien. Saldremos por la puerta de atrás, no quiero que nos vean aquí. Le dijo Fran a Pedro

Fue Tomy quien entro y vio a Mónica salir del baño. Venia totalmente desnudo con el rabo relajado.

Hola, ¿Qué tal se dio la tarde?

Un tanto movida. Dijo Mónica. La verdad es que siempre me ha gustado exhibirme pero no esperaba para nada esto.

Para la edad que tienes no estás mal. Lanzo su mano a los pechos de ella. -Tienes unos buenos botijos.

Te han tocado todas menos yo

Puedes tocarme, para ti es gratis.

Aunque contigo me gustaría otra cosa. Le hablaba mientras le tocaba la flácida verga

Pues, hoy vas a encontrar poco, acabo de follarme a una cincuentona y se me pasaron las ganas.

Lástima, quizá otra vez. Mientras seguía sobándolo.

¿desde cuándo os dedicáis a esto?

Nosotros no nos dedicamos a esto. Me he visto envuelta en este ridículo espectáculo porque necesitaba un favor de Tato

¿no os interesaría venir a una cosa similar el próximo mes?

Si tienes compañeras muy guapas, no creo que necesites una treintañera.

Es una fiesta un tanto especial. Encajaríais a la perfección, los profesionales se notan y vuestra naturalidad da mucho morbo.

La verdad es que lo de hoy ha sido excitante y divertido pero no me interesa.

En ese momento entramos Laura y yo

Luego hablamos.
Infidelidad de una tetona
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Voy a hacer un inciso en la serie "cadena de favores" para contaros una historia que me sucedió hace diez días. Y que me tiene algo confuso.

Desde hace cuatro meses, trabajo de consultor, en una empresa que está a 130 km de casa por lo que alquile un piso con otro compañero y pasaba 2 o 3 días a la semana separado de Monica y los niños

Allí conocí a Fernando, un excelente gerente de cuentas con el que iba a colaborar estrechamente. Con el comencé una gran relación profesional y personal muy interesante. Pero no temáis no es esto otra cadena de favores que empieza ahora, ni mucho menos.

Fernando es un tipo estupendo, de los que cuando te hace falta algo te ayuda. De esas personas con la que puedes contar. Cuando estas de consultor externo en una empresa, no sueles estar bien mirado, todos creen que ganas mucho haciendo lo que ellos ya saben hacer. Todos te miran como un bicho raro. Quizá nuestra cercana edad o nuestras comunes aficiones me hicieron apoyarme en Fernando. Tanto que llego a cuajar una buena relación.

En ocasiones me invitaba a comer en su casa, aunque al principio me negaba, su insistencia me hacia aceptar. Para mí era un poco violento. Nunca me ha gustado intimar con compañeros de trabajo, luego tu vida privada se convierte en una extensión del mismo y no sabes dónde acaba. Pero el ambiente familiar de su hogar, me hizo sentirme cómodo y muchos días frecuente los agradables manjares de la cocina ocupada por su suegra.

Me llevaba bien con sus hijos, su suegra me preparaba los platos que me gustaban y con Susana, su mujer, departía interesantes conversaciones sobre la educación infantil o marketing empresarial, en especial del sector en que ella trabajaba.

Durante este tiempo, nunca me sentí atraído por su mujer y no creo que ella se fijara en mí, de forma sexual. Aunque yo no estoy nada mal y Ella es una chica guapa, de 35 años, rubia, como de 1,68 m de altura, con buen busto, con ese culo que se le pone a las madres, redondo y grande y unas piernas delgadas, muy bonitas, quizá su nariz, un tanto redondita era su único defecto, que para nada la afeaba.

Nos llevábamos tan bien que conocían a mi familia. Pasamos juntos varios fines de semana e incluso algún viaje. Una relación muy noble y divertida.

Pero ocurrió lo que menos me esperaba. Hace diez días me llamo Fernando. Estaba de viaje por el norte visitando ciertos clientes.

Gabriel, necesito que me hagas un favor, recoge una carpeta azul de encima de mi mesa y llévasela a mi mujer.

¿Cuándo?

En cuanto puedas.

Puede ser en media hora.

Bien, cuanto antes.

¿A tu casa?

Si, la está esperando.

La verdad es que no me apetecía ir para nada, tenía muchas cosas que hacer y romper el ritmo de trabajo me desagradaba. Pero bueno, todo sea por un amigo.

Llegue a su casa, y efectivamente me estaba esperando, muy nerviosa.

Hola Susana.

Gabriel, muchas gracias. Se me ha estropeado el coche y necesitaba estos papeles para esta tarde. De lo contario habría ido yo a la oficina.

No te preocupes. Me llamo tu marido y me dijo que lo trajera. No ha sido mucha molestia.

¿Quieres algo?

No, me voy, quiero terminar hoy a las dos y volver a casa pronto.

Vale, tenemos que juntarnos otro día, los niños se lo pasaron muy bien el domingo pasado.

Si, debemos repetirlo.

De verdad que no necesitas nada.

Pues un vaso de agua me vendría bien. He subido corriendo las escaleras y estoy sediento.

Pasa.

Entre en su casa, hasta la cocina. Serian como las doce y media de la mañana, ella estaba sola, su madre en el mercado y los niños en casa de unos amigos. Me sirvió un vaso de agua que bebí con rapidez y le pedí más. El segundo lo hice más despacio apoyado sobre la barra de la cocina. Susana vestía con un traje estampado con pequeñas flores compuesto de falda una camisa blanca que dejaba ver el contorno de su sujetador.

No entiendo a mi marido, sabe que necesitaba estos papeles y no me los trae hasta ahora. Increíble.

Sabes que es un poco despistado.

Despistado, lo que le pasa es que da más valor a cualquier cosa que a su familia. Y así no es.

La situación estaba bastante caliente, incluso me incomodo que hablara así de su marido. Intente cambiar de conversación y largarme de la casa. Pero lo empeore.

Fernando volvía mañana ¿verdad?

Esa es otra, pasara la noche en el norte y llegara mañana a la hora de comer. No entiendo como no vuelve esta tarde.

No podrá. Son muchos kilómetros.

A mi marido le da igual, es mas yo creo que le gusta, así sale. Se cree que no lo noto.

No querrás que se quede encerrado en el hotel

No, pero tampoco me gusta que luego llegue con la ropa oliendo a putiferio.

Me extraña que Fernando vaya a esos sitios.

Si le he pillado un par de tarjetas de esas de los clubs en el coche.

Serán de cuando acompaña a los clientes, en su trabajo

No lo defiendas tanto.

En este punto quería irme de allí como fuera. Susana estaba muy cabreada y parecía que yo tuviera la culpa.

No es solo eso, a veces le tira los trastos a mis amigas.

¡Fernando! ¿Por qué lo dices?

Tiene algunas insinuaciones que en ocasiones se pasa. ¿no vistes lo que le dijo a tu mujer el domingo?

Bueno, no tiene importancia, son bromas entre amigos.

Y aquí en lugar de largarme prendí la mecha, aunque no lo creáis sin querer hacerlo.

También podría haber tomado como una insinuación lo que me has dicho al entrar.

¿Qué te he dicho?

¿Quieres algo? Sonaba al ama de casa que recibe al fontanero en una película porno. Te ha faltado humedecerte los labios mientras lo decías.

¿Qué hubieras pedido si hubiera sido así?

Podía haber pedido que me dejaras meterte mano, dije en tono jocoso.

Creía que ibas a pedir que te la chupara. No es eso lo que os gusta a los hombres.

No todos. Yo soy más de chupar que de que me la chupen.

Méteme mano. Dijo ella mientras de forma orgullosa se sacaba la camisa.

Su sujetador, muy bonito por cierto, se quedo al descubierto. Envolvía unas buenas tetas mínimo una noventa quizá más. Yo no sabía qué hacer, me encantan las tetas grandes y llevaba como 10 días sin acostarme con mi mujer.

Tienes muy buenas tetas

¿Te gustan?

Claro.

Pues comételas.

Se desabrocho el corchete, dejando caer sus pechos. Eran dos buenos ejemplares, de pezón grande, se notaba su blancura en comparación con el resto del cuerpo resultado de la marca del bikini, había disfrutado del sol de la playa.

Me concentre en chuparle los pezones, al tiempo que ella Me echo mano al paquete y noto que la tenia dura, como era de esperar. La acaricio por encima del pantalón, manoseándola con lujuria, me bajo la bragueta y de manera brusca me masturbo.

El resto fue dejarse llevar. Nos besamos con deseo, bruscamente, no fueron besos suaves y cálidos, sino ardientes, mordiscos más que besos, la verdad es que cuando uno se casa "desaprende" la forma de besar y ya no besa igual que antes.

La levante cargando su peso sobre los brazos y la senté en la barra de la cocina, le baje las bragas (por cierto horribles) y le remangue la falda. Mi cara quedo frente a su coño peludo y lo deguste con el ansia que reclamaba la situación. A ella debió de gustarle, pues me apretaba la cabeza contar su chocho y suspiraba con intensidad.

Déjalo ya. Follame.

Me aparte, ella se quito la falda y yo me baje los pantalones a los tobillos, me la folle sobre la cocina entre el fregadero y los fogones. Ella con las manos apoyadas sobre el mármol resistía mis embestidas ayudadas por mis sobre su culo.

No me aprietes los muslos, me haces daño.

Quiero darte por detrás.

No, sigue así. Más rápido.

Mi excitación era tal que comencé a gemir fuerte.

Calla, las paredes oyen. Dijo antes de bajarse de la cocina

¿Te gusta por detrás? Le dije yo al ver que sus gemidos habían parado.

Me gusta más cuando estoy yo encima.

Que culo tan fantástico. Me correría aquí mismo. Le dije mientras pasaba delante de mí hacia el salón.

Ni se te ocurra. Vamos al sofá.

Susana entro con prisa en el salón para correr las cortinas.

No hables fuertes, esta pared da con la cocina de la vecina y son dos viejas chismosas.

¿Quieres que te la meta por el culo?

No, ven siéntate aquí.

Yo continuaba con la polla erecta, se puso encima y seguimos por el coño, ella desbocada botando sobre mí. Yo veía sus tetas grandes delante, moverse. Yo acompañaba sus movimientos con las manos en sus caderas, para de vez en cuando meter mis hocicos en sus pezones. Se la veía disfrutar.

Las tetas saltando me ponían a cien. Me puse de pie, la levante en pesos y continuamos follando hasta que no pude mas.

Me corro.

Sigue, sigue hasta el final

Y así lo hice, le deje la descarga dentro. Que gustazo. Hacía que no follaba de esta forma años.

¿Nos duchamos?, dijo Susana

Recogió sus bragas y el resto de la ropa del suelo, me agarro la mano y subimos a la planta de arriba, cruzamos su habitación, por cierto unos muebles horribles de estilo clásico y un cuadro enorme de su marido y los niños en una de las paredes, nos metimos en la ducha, muy grande como de dos metros de largo, y ancha, nos podíamos mover en mucho espacio. El agua comenzó a brotar, suave, nos besábamos devorándonos, nuestra lenguas jugueteaban con nuestros cuerpos a lametones recorríamos cada rincón, me agache para comerle el coño, el agua no me dejaba casi respirar pero me apetecía alimentarme de sus labios vaginales, ella se apoyo contra la pared, cerro el agua y gemía bajito para no llamar la atención, su cabeza reclinada, su garganta reseca por los gemidos. Si no se corrió le faltaba poco. Estaba excitada, muy excitada. Mi polla todavía estaba flácida después del polvo que habíamos echado abajo.

Métemela.

Tendrás que trabajártela.

Miro, vio que estaba morcillona, se sonrió socarronamente mientras la agarraba con la mano, se arrodillo. Delicadamente me la lamia con movimiento de su cabeza adelante y atrás. Me apetecía agarrarle la cabeza y acompañarle en el movimiento pero no lo hice, me limite a dejar crecer mi rabo hasta que no le cupiera en la boca.

Ahora. Que hermosa. Follame.

Se puso de espalda, apoyo las manos en la pared y me abrió su culo, grande y redondo. Ella más bajita que yo me forzaba a doblar las piernas para poder metérsela. Antes de eso volví a abrir el grifo de la ducha, no sé qué palanca moví pero empezó a salir agua de diversos sitios. La culeaba desde el principio fuerte, no tenía intención de hacerla feliz, solo pensaba en correrme y si fuera posible dentro.

Tomas la píldora verdad.

¿No iras a correrte?

Solo por saberlo, decía mientras jadeaba por el esfuerzo.

Me encanta esta postura desde atrás viendo su culo, posando mis manos sobres su cintura y viéndole botar las tetas. Pensaba que me iba a correr antes, mi rabo entraba y salía por ese jugoso agujerito, dándome un gran placer, los dos jadeábamos, a ella parecía gustarle, le golpeaba el culo con mi pelvis, cada vez más fuerte, hasta quedarme casi sin aliento, me canse de empujar y tener las piernas flexionas.

Mueve ese culito, follame tu ahora.

Puso su torso formado un ángulo recto con sus piernas, el balanceo de sus caderas, adelante y atrás, suave en su inicio, acariciaba mi tallo dulcemente. Le sujete las tetas, apretándolas, jugueteando con ellas como si fueran almohadas. Los movimientos eran más rápidos, según se sentía más cómoda en el control de la penetración. Yo estaba a punto de reventar, le solté las tetas y acompañe sus movimientos con los míos, entonces fue cuando sentí el máximo placer y sin decir nada me deje llevar, solté mi semen dentro de su vagina. Aun así ella seguía moviéndose, yo la deje hacer entre sollozos de placer, deje que mi pene se desinflara en su interior.

Te has corrido. ¡Que cabron!

Increíble. El mejor polvo de mi vida. Le dije para consolarla

Se volvió y agresivamente me volvió a meter la lengua en la boca.

De repente se oyó una puerta abrirse. ¿Qué oportuno?- pensé si hubiera sido antes no la hubiéramos oído.

Nena, grito una voz de señora. Nena, volvió a repetir. Ella se llevo el dedo índice a la nariz indicándome que me callara.

Estoy duchándome mama.

He venido a recoger una cosa. Me voy a por los niños

Vale mama. Se oyó de nuevo la puerta cerrarse.

Menos mal. Si nos llega a pillar mi madre me la arma.

Se engancho de nuevo a mi cuello, su lengua repasaba mi garganta, repase con ambas manos sus deliciosos pechos, - Vaya tetas. No me detuve después de juguetear con ellas, pase a su culo, estuve acariciándolo un buen rato.

Ella me acerco una toalla para que me secara y salió a vestirse a la habitación.

Date prisa, mi madre no tardara y no quiero que te vea aquí.

Ambos nos despedimos fríamente con la mirada perdida, y sin hablarnos, quizá nos estábamos dando cuenta de lo que habíamos hecho.

Cerré la puerta tras de mí, y baje las escaleras de adosado. No sé porque me volví. Ella estaba todavía de pie mirándome, me sonrió dulcemente y cerró la puerta.

Os lo he contado todo con detalle. La verdad es que me lo pase muy bien, fue uno de los mejores polvos que he echado en mi vida. No sé si fue la tensión sexual que llevaba acumulada, el follarme a la mujer de un compañero, algo que nunca creí que sería capaz, con las veces que he presumido de amistad fiel.

¿Y ahora qué? Tengo un amante, ¿o tal vez no? No sé qué hacer, porque la tía me pone muy cachondo, y me importa un bledo, solo es atracción física. No sé qué hacer.

Me encantaría volver a follarmela, pero más tranquilamente, le propuse vernos otra vez pero en un hotel fuera de la ciudad. Me dijo que me respondería, y todavía no lo ha hecho y hace ya una semana, pero de vez en cuando me nada SMS muy atrevidos recordándome lo que hicimos.

¿Qué hacer?
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