Tetonas en una fiesta e historias con japoneses
Tetonas en una fiesta e historias con japoneses
 
HISTORIAS DE TETAZAS
GRANDES Enlaces de tetazas
Traslado de domicilio
Tetonas en una fiesta e historias con japoneses
Tetonas que se dejan sobar
Voyerismo real de tetonas y alguna madurita cachonda

Desnuda y manoseada en la clase de inglés
Viaje en metro con una tetona
Piscina y grandes tetas
Servicio de habitaciones. Haz conmigo lo que quieras
Me encanta que me toquen las tetas
Nada bajo el delantal
Suegras de grandes tetas
Cena de talentos
Coordinador de grandes tetas
Como sacar partido a una fiesta. Tutorial
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Voy a continuar contándoos las aventuras que a mi marido (Gabriel) y a mi (Mónica) nos ocurrieron el año pasado mientras vivimos en la capital. Desde que nos instalamos nos habían sucedido distintos episodios, provocados por nuestro afán de conseguir ciertos favores. Nos dimos cuenta que en estos ambientes se pueden conseguir muchas cosas si cumples las fantasías de los que más tienen.

Había pasado casi un mes de la orgia con los cuatro amigos (ver cadena de favores-reunión anual 2), donde me dejaron el culo cedido y el coño bien lleno. Las relaciones sexuales con mi marido desde entonces eran más bien pocas, pero nos excitaba hablar de lo que nos había sucedido, el compartir sexo con otras parejas, como me habían sodomizado entre cuatro, la aventura con el sobrino y tía. El sexo con otros pero compartiéndolo entre nosotros. A Gabriel le gustaba oírme contar mi orgia con los amigos de Pedro, y yo fantaseaba como él fornicaba con la siliconada de Carmen frente a la ventana. El sexo entre nosotros estaba cambiando, nos divertía mas practicarlo con otras personas.

Nosotros seguíamos con nuestros quehaceres diarios, mi tienda estaba lista y Gabriel perfilaba su colaboración como consultor de diversas empresas. Nos hacía, solamente, falta estar más introducidos en ciertos habientes, que para gente como nosotros son difíciles de alcanzar. Y las fiestas son un lugar estupendo.

Así fue como nos enteramos que Doña Clara una prestigiosa diseñadora, dueña de una popular marca de ropa organizaba una fiesta de alto postín en una de las mansiones de nuestra urbanización, a ella iban a acudir gente famosa y muy importante del mundo de los negocios y de la moda. El acudir a la fiesta, tenía dos objetivos prioritarios, para Gabriel, encontrarse con Araji, director una de las consultoras japonesas de tecnología más importantes del mundo, con la que quería colaborar. Por otra parte, para mí, conocer a Doña Clara, la anfitriona, y poder hablar con ella para conseguir cierta exclusividad de sus diseños en nuestra tienda.

Así que para acudir al prestigioso acontecimiento, usamos los favores que nos debían Pedro y Ana, después de la famosa orgia (ver reunión anual 1 y 2) y del primer episodio (ver el traslado) nos lo debían. Pedro y Ana cumplieron su palabra y se las ingeniaron para que nos invitaran. Y allí nos presentamos.

Elegir el modelito para la fiesta fue toda una odisea, me incline por algo que resaltara mi mejor arma, mis pechos (talla 120) y disimulara mi peor parte, mi culo y mi estatura (1,63 m), para ello opte por una camisa beige ajustada, atada por detrás de mi cuello con un gran escote en V que permitía entrever con claridad el lateral de mis masas pectorales y dejaba a la imaginación del más tonto el gran volumen de la parte de mis tetas que quedaba tapada. Al llevarla sin sujetador, el contorno de mis pezones s distinguía al detalle. Para complementar me coloque un collar corto de perlas del cual descendía una tira de oro justo hasta el canalillo. En la parte de abajo utilice un pantalón sencillo rematado con un gran cinturón y para terminar y con el fin de aumentar mi altura use los tacones de aguja más altos que encontré. Desde luego no era lo más cómodo, pero, para una mujer de 33 años con mi físico, eran buenos argumentos para llamar la atención.

Gabriel iba muy guapo, había comprado un traje de lino color crema y una camisa blanca. Sus anchas espaldas y su 1,90 m le conferían un aspecto muy varonil.

Llegamos a la mansión de doña Clara acompañados por Ana y Pedro que tenían que presentarnos a las personas en cuestión. La reunión era un completo ir y venir de modelos, diseñadores, hombres de negocios, artistas, presentadores de TV, frikies, políticos y algún famosillo de segunda clase. Toda una fiesta top glamour. Las mujeres y en especial las modelos iban vestidas elegante y provocativamente, transparencias, escotes delanteros y traseros, mini faldas muy minis; yo casi pasaba inadvertida en esa jungla. Pero era magnifico estar entre ese tipo de gente, me excitaba rodearme de personajes conocidos.

Vamos Ana tenemos que encontrar a Doña Clara, dije yo nada más entrar.

Espera todo a su tiempo, relájate. Mira que montón de tíos buenos y jóvenes hay por aquí.

Después montamos una orgia, pero lo primero es conocerla a ella. Mira allí esta.

Eres bastante pesada. Vamos te la presentare, pero no te hagas ilusiones es una persona muy fría y antipática.

Clara, Clara. Llamo Ana a la anfitriona.

Anita, cariño, como me alegro de verte. Dijo antes de propinarle dos besos. Muac, Muac.

Te voy a presentar a mi nueva vecina, está viviendo en casa de mis padres, ellos se han ido todo el año a la casa del norte. Se llama Mónica y está en el mundo de la moda.

Hola Mónica. Vaya, ¿Esas tetas son naturales?

Si. ¿Por qué?

Madre mía, cariño deben de pesar de lo lindo. Como te vea mi marido no se va a separar de ti en toda la noche. Con lo que le gustan las tetonas. Pero no le hagas caso es muy pesado.

Anita, y tu madre, ¿Cómo esta? Le pregunto a mi amiga mientras la agarraba del brazo y se separaba unos metros de mí.

Hasta que volvió Ana, me quede como una boba, esa señora, de la que pretendía fuera mi colaboradora, solo se había preocupado por mis pechos y no me había dejado ni hablar.

Te lo dije, es muy antipática. Pero no te desanimes, no era esa la puerta de entrada. Te voy a presentar a Tato, su secretario personal. El te organizará una reunión con ella. No debe andar muy lejos. Mira allí esta.

Nos dirigimos hacia un hombre moreno, alto de unos 40 y tantos, muy guapo y elegante, pero esa elegancia funcional, me recordaba su estilo al del cantante Miguel Bose.

Hola Tato.

Ana, ¿Qué tal? ¿Cómo estás?

Muy bien, disfrutando de esta magnífica fiesta. Una vez más te has superado con la organización.

Ya sabes cómo es Clara. Todo debe ser perfecto.

Te presento a mi amiga Mónica.

Me dio un par de besos muy cercanos a la boca y me dedico una sutil sonrisa.

Tato tienes que hacerme un favor, tienes que conseguirle una entrevista con Clara. Mónica ha abierto tres tiendas de alta costura y necesita vuestro apoyo.

Ana, sabes como esta de ocupada es muy difícil hacerlo.

Por favor Tato, hazlo por los viejos tiempos.

Deje que mire la agenda y te digo algo.

No, Tato. Ahora que te conozco y luego tengo que ir detrás de ti.

De acuerdo, venid conmigo al despacho.

En ese momento, Gabriel desde el otro extremo de la sala me hacía gestos de que me acercara.

Disculpadme, ahora vuelvo, les dije a Ana y Tato.

Gabriel estaba con los japoneses.

Señor Araji, le presento a mi esposa, Mónica.

Encantado señora.

Estuve unos minutos con ellos hasta que Ana vino a rescatarme, durante ese momento no abrí la boca y solo notaba como de manera descarada el japonés me miraba las tetas y cuando cruzábamos las miradas me sonreía y agachaba la cabeza.

¿Qué haces? Te están esperando en el despacho. Sube por esas escaleras, es la segunda puerta a la izquierda. Dijo Ana agarrándome del brazo

¿Algún consejo?

Ofrécele parte del negocio, es una persona muy ambiciosa.

No, no me gusta tener socios. ¿No hay otra opción? ¿y si me lo follo?

Con mucho cuidado, Tato es bisexual. Y tú no eres su tipo. Te puedo asegurar que lo ha probado todo. Tranquila Habla con él. En cuanto acabes me comentas como te ha ido y ya veremos.

Me dirigí al despacho de Tato, en la primera planta; era una habitación grande con muebles muy modernos, puramente fashion.

Pasa, Mónica. Siéntate.

Gracias.

Cuéntame, ¿Qué quieres hablar con ella?

Le explique mi proyecto de introducir sus prendas en mis tres tiendas y espere su respuesta.

¿y crees que eso es rentable? Querida te equivocas, eso puede servir para trabajar pero no para ganar dinero.

Lo tengo bien estudiado y creo que es realmente rentable. Lo único que necesito es tener el apoyo de vuestra marca.

Como sabes Doña Clara tiene una agenda muy intensa y reunirse con ella es bastante complicado, pero al venir con las referencias de Ana, hare un esfuerzo. ¿Qué te parece dentro de seis meses?

¡Seis meses! Es mucho tiempo, perdería la temporada.

Pues no tengo otras fechas. Lo siento.

Me levante de la silla, me incline para apoyar las manos sobre la mesa de despacho y dejar todo mi escote delante de sus ojos, el tenía una vista perfecta de mis pechos colgando a menos de medio metro.

Quizá, podrías adelantarlo para sellar nuestra nueva amistad. Le dije en el tono más sugerente que pude.

Guapa, te equivocas si crees que por dos tetas voy a cambiarlo. ¿has visto lo que hay en la fiesta? La mitad de esas modelos me las he tirado y la otra mitad lo están deseando, solo tendría que salir ahí y pedírselo a una de ellas; y no sabes lo que son capaces de hacer.

No creo que ninguna de esas niñatas pueda hacerte lo que yo soy capaz de hacer con estas tetas.

He estado con mujeres de todos tipos, con pechos pequeños, medianos y grandes y poco me sorprende ya. Así que ahórrate la escena de la putita y vete a casa, tu marido te estará esperando. Nos vemos en seis meses.

Te voy a proponer algo si te hago una cubana y te corres en menos de 3 minutos me adelantas la cita no mas tarde del mes que viene. ¿aceptas? No pierdes nada. De lo contrario no hace falta ni que te molestes en prepararme esa reunión.

Veo que eres muy buena negociadora. Me gusta. De acuerdo, vamos a probar tu producto.

Siéntate en el sofá y deja que me prepare.

En la parte derecha de la habitación se encontraba un sofá y dos sillones; en uno de ellos se sentó Tato y yo fui a un cuarto de baño que había en la parte opuesta. Me quite toda la ropa, dejándome puesto solo, el collar, los tacones y el ancho cinturón. Estaba algo nerviosa, pero confiaba en que mis melones hicieran un buen trabajo. Encontré un tubo de vaselina en uno de los armarios y me unte por completo los pechos y en especial el canalillo, esto dio un destacado tono brillante a mi gran busto. Me mire por última vez en el espejo y me dije.- estas estupenda. Tato hablaba por el móvil cuando entre de nuevo al despacho y le deje ver mi cuerpo totalmente desnudo. Me acerque a él con sensual paso para excitarlo con mis movimientos, me coloque a cuatro patas sobre la mesa que había delante de él y me lleve la mano al coño, masturbándome con movimientos de mi pelvis adelante y atrás. Él, sin dejar de hablar por el móvil, acerco la mano para sobarme una teta, la que presiono con fuerza, para acabar agarrando y pellizcando el pezón con intensidad, sin miramientos, causándome daño, pero aguante y ni siquiera hice una mueca de dolor.

Tato me hizo un gesto con la mano señalando su entrepierna. Me coloque de rodillas delante de él, le quite el cinturón y le baje los pantalones hasta los tobillos para descubrir un fantástico paquete que rápidamente libere de su calzoncillo. Apareció una buena polla de tamaño medio y bastante gruesa, mis preámbulos habían surtido efecto y estaba morcillona. Se la unte de vaselina y con las dos manos empecé a masturbarle para ponerla a tono. Mientras, oía lo que hablaba con su interlocutor telefónico.

No te preocupes, ya buscare yo algo. Habrá alguien mañana para entretenerlos. Te dejo que estoy reunido, luego te busco. No tardo, la reunión, según me han dicho no debe durar más de tres minutos. Ciao.

Por un momento mientras continuaba concentrada masturbándole se hizo un silencio absoluto que Tato acabo rompiendo.

Bien zorrita, a partir de ahora tienes 3 minutos. Dijo dejando su reloj sobre la mesa.

Su polla estaba erecta, con uno de mis pezones empecé a jugar con su rojo capullo, que acabe envolviendo entre mis tetas y empecé a darle un masaje golpeándolas lateralmente. Su verga se puso muy dura, como una piedra; era el momento. Le cogí las manos se las puse sujetando mis senos y mientras me movía hacia los lados le lamia la punta de su pene.

Ohh. Bien, sabes hacer tu trabajo zorra. Veo que a todos los que te han follado habrán empezado por tus tetas.

Cambie de tercio, no me quedaba mucho tiempo y estaba muy cachonda. Sujete bien mis turgentes peras deseosas de follarse ese pedazo de hierro y con delicados movimientos hacia arriba y hacia abajo las desplazaba ayudadas por la vaselina primero, despacio, buscando la mejor posición.

¿te gusta? Le pregunte

Sigue, lo haces como una autentica puta de lujo.

Prepárate, te voy a volver loco.

Incremente poco a poco la velocidad. Las tetas engullían su polla que quedaba totalmente cubierta, tapada, sin poder salir, envuelta por mis prominentes bultos, en todo su perímetro. La sentía muy dura, llena de energía, resbalando entre mis tetas. Eso me ponía sumamente cachonda.

Quiero que me folles. Le dije. Quiero tener dentro esa polla.

Eres una buena puta con las tetas, pero esta polla no está hecha para el coño de una zorra sin clase como tú.

Follame por favor, follame, reviéntame, párteme en dos.

Ahh, ahh, no, no, sigue moviéndolas, sigue como lo estás haciendo.

Él comenzó a moverse buscando mas contacto y se unió a mis movimientos de arriba-abajo, buscando como un desconsolado el roce con mis turgentes carnes.

Guarra, ahí va eso, me corro, me corro, Dios mío. Exclamo mientras eyaculaba sobre mí.

Me dejo totalmente cubierta de leche que salió con tanta fuerza que me llego hasta manchar la cara y el pelo. Yo aproveche para limpiarle las últimas gotas con mis pezones. Estaba muy caliente, notaba mi coño abierto, pidiendo que le metieran algo. Me volví a poner a cuatro patas sobre la mesa y me lleve la mano buscando mi clítoris. Él se levanto y se subió los pantalones.

Bueno cariño, de verdad tenias razón eres muy buena manejando las tetazas. Nunca me habían hecho algo así.

Estoy muy caliente.

¿quieres que te abra el coño?

Se levanto y de uno de los cajones de la mesa trajo un cilindro de gran diámetro y me lo metió por el coño. Mientras me palmeaba con fuerza las nalgas, una y otra vez, hasta hacerme daño, pero una vez mas ni siquiera me queje.

Vaya culo de gorda tienes.

Sigue, mételo hasta el fondo. Lo metía muy despacio y me gustaba tenerlo dentro.

¿te has lavado el culito, mona?

No veras uno tan limpio en toda la fiesta.

Se chupo el dedo y me lo metió en el ano demostrando un gran manejo, bordeando el contorno anal hasta penetrarlo con suavidad hasta el fondo. Con la otra mano me agarraba una de las tetas que colgaban en todo su esplendor. Ahora estaba bien cubierta, mi mano en el clítoris me proporcionaba el mayor placer y la excitación de mis dos agujeros cubiertos estaban a punto de producirme un orgasmo, cuando oímos golpear la puerta. Se abrió.

Se puede, ¿Mónica?

¡Gabriel!

Te estaba buscando, me dijo Ana que te encontraría aquí. Pero veo que te estás divirtiendo sin mí. Imagino que podre participar. Añadió mientras se bajaba los pantalones.

Ante la mirada de sorpresa de Tato, Gabriel se desnudo dejando a la vista su 28 cm de miembro.

Métemela, estoy cachonda.

Vaya pollaza, pero no va a ser para ti mona, esa la quiero para mí.

¿Qué dice este? Dijo Gabriel.

Nunca has probado un culo de tío. Pues hoy va a ser tu primera vez.

Le hice una seña a Gabriel para que no dijera que no. Tato le agarro la polla, le dijo que se sentara en la mesa del despacho y antes de empezar a chupársela me ordeno.

Putita, cómeme el culo.

Me situé detrás de Tato que encorvado le lamía el rabo a mi marido, le abrí las nalgas y se lo comí sin reparos. Todo esto me ponía más cachonda aun, ver como se la chupaba a mi marido otro hombre.

Cuando Tato vio que estaba listo, se unto de vaselina el su agujerito trasero.

Si quieres que te folle mi marido tienes que darme gusto a mí también, no pienso estar mirando como una tonta.

Muy bien putita, siéntate aquí. Dijo mientras apartaba las cosas de la mesa de juntas. Hoy vais a aprender muchas cosas.

Me tumbe sobre la mesa y Tato sin pensárselo me la metió, mientras a su espalda Gabriel le introducía la verga. Estuvimos un rato así, los tres ensartados uno por el otro. He de reconocer que no era la mejor penetración de mi vida, pero lo excitante era ver el conjunto, todos empujando, buscando nuestra satisfacción, me ponía en la situación de Tato pudiendo dar y recibir a la vez.

Me baje de la mesa y le di el culo a Tato, pero él era demasiado alto para mí y si era penetrado por Gabriel no podía encularme. Así que me tumbe boca abajo en la mesa, chafando mis tetas, para que el alcanzara perforarme, mis piernas no llegaban al suelo por lo que no tenia punto de apoyo para moverme, solo podía ser follada sin margen para manejar la situación. Me abrí los glúteos, me apetecía mostrarle mi jugoso coño mojado y abierto. Tato, con suma facilidad encontró el sitio donde colocarla.

Los tres gemíamos de placer cada uno a su ritmo, y como no, fue Gabriel el primero en correrse.

Ya voy, me corro.

No lo hagas dentro. Dijo Tato. Córrete encima de la zorra de tu mujer.

Gabriel se acerco, metió su polla entre mis largos cabellos y agarrándose el rabo dejo toda la leche entre ellos. Mientras Tato con el trozo de hierro que tenia por verga, me doblaba las piernas para tener mejor acceso y me la calvaba hasta el fondo.

Me envistió un rato mas, con energía, dominaba bien la situación y su intensas envestías auguraban que se iba a derramar pronto.

Te voy a dejar la lefa dentro.

Si, por favor.

No estoy acostumbrado a follarme estos culos tan blandos. Y es muy divertido.

Tato se descargo dentro de mí, hasta el final, sin dejar que cayera ni una gota fuera.

Mientras se vestía, nos invito a una nueva aventura.

Se os ve muy preparados para todo, y creo que sois lo que necesito para mañana. Ahora soy yo quien os va a pedir un favor. Los sábados Clara se reúne con las amigas, le suelo contratar un gigoló, que pasea medio desnudo por la casa y les sirve de mayordomo, ellas se lo pasan bien. Mientras el marido de clara don Ramón, tiene tertulias culturales con una rusa. Este fin de semana los habituales no pueden venir, y necesito vuestra ayuda.

Tu, dijo refiriéndose a Mónica, dale un poco de conversación y enséñale las tetas, don Ramón es un obseso de las tetas grandes. Y no te preocupes es impotente. Y tú con ese rabo, tienes el éxito asegurado. Venid mañana y lo preparamos todo.

Sin darnos tiempo a responder salió del despacho.

Tenemos que venir, necesito la reunión con doña Clara.

De acuerdo, pero el domingo nos vamos a la costa.

¿a qué?

Le has causado impresión al señor Fuji y le gustaría verte en bikini y conocerte mejor. Nos ha reservado una habitación en un hotel de la playa.
Los japoneses aprovechan para hacer negocios
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Cada vez que me lo pregunto, no consigo encontrar la respuesta, aun pasado un año de todo aquello. ¿Por qué continuamos dándonos a otros? Nosotros siempre habíamos sido una pareja normal, habíamos tenido un noviazgo divertido de 5 años, nos casamos y tuvimos los niños. Nuestras relaciones sexuales, más o menos buenas, con altibajos, pero frecuentes y divertidas. Pero cuando nos fuimos a la capital (ver cadena de favores-el traslado), y nos relacionamos que ese tipo de gente de clase alta, todo cambio, preferíamos tener relaciones extra matrimoniales, pero lo raro del caso es que nos gustaba tenerlas juntos. Una pareja siendo infiel a ella misma. Difícil de entender aun hoy que hemos vuelto a lo de antes.

Pero voy a continuar con el relato, que aún quedan aventuras que os sorprenderán. Para que os pongáis en situación voy a hacer un breve flash-back a la fiesta en casa de Doña Clara (ver cadena de favores-la fiesta).

Yo intente durante esa tarde conocer a Mr. Fuji, un importante hombre de negocios japonés con el que quería colaborar.

Cuando logre que me lo presentaran entable la conversación intentando explicar mis intenciones para con su compañía, pero él estaba más interesado en las modelos que por allí circulaban, mirándolas de arriba abajo, como buscando alguna en concreto. Para intentar centrar su atención a proveche que Mónica (mi mujer) estaba sola y la llame. Ella se acerco y se la presente a los japoneses. Surtió efecto, pues no dejaron ni un solo minuto de mirarla, sobre todo su precioso canalillo que separaba sus grandes pechos. Al momento llego Ana la cogió por el brazo y se la llevo. Yo me quede un tanto cabreado por esa acción de Ana, viendo que perdía mis posibilidades y dejaba escapar un buen contacto. Pero, no fue así, a Mr. Fuji le había impresionado.

Es muy guapa tu mujer.

Si lo es. Tenemos una muy relación muy buena e independiente.

Los latinos sois demasiado independientes.

Ella estaría encantada de que vinierais a casa a cenar este fin de semana.

Precisamente, este fin de semana no podemos. Tenemos una reunión en La isla. Pero, ¿Por qué no os venís? La reunión será por la mañana y tendremos la tarde libre. Hay unas playas muy bonitas allí. Dile a tu mujer que se traiga el bikini.

Se lo diré, pero no creo que lo use. A ella le encanta hacer topless.

Mejor. Mi secretaria os sacara los billetes de avión.

Nos desplazamos a la isla el domingo por la mañana después de nuestra divertida experiencia sexual del sábado (ver cadena de favores-el desfile). Le recomendé a Mónica que se vistiera con aquel traje japonés que le compre el año pasado. El vestido era de color granate y aunque le tapaba hasta el cuello, le estaba muy ajustado, marcándole su talla 120 de pecho. Estaba cerrado con botones centrales y la falda le llegaba hasta la rodilla. A ella no le gustaba ponérselo pues, al igual que sus pechos parecían más grandes de lo que eran, también su culo se mostraba inmenso.

Intente ponerla en situación y le comente lo que como debía comportarse.

Me imagino que querrán verte las tetas. Durante la fiesta no dejaron de mirarte el escote. Como iremos a la playa sepárate haz toples, pero pídeles permiso antes y déjate tocar si fuera necesario. No me creía lo que le estaba diciendo a mi mujer

Que haga de puta, vamos.

Mujer, tómalo como quieras pero te tengo que recordar que llevo un par de jornadas bien callado e involucrado en tus aventuritas.

Te entiendo, que prepare el coño otra vez.

Haz lo que tengas que hacer. Pero yo tengo que llegar al acuerdo con ellos.

Se nos está escapando esto de las manos. Dijo Mónica. Cada vez me pongo más cachonda cuando te veo follar con otras.

Tienes razón, a mí me pasa igual. Ayer veía lo bien que se lo pasaban tocando tus tetas, tus muslos tu culo, todo tu cuerpo y me ponía muy, muy cachondo.

Así que no te preocupes, me dijo ella. Dejare que me toquen y si es preciso que me follen. Pero tenemos que plantearnos dejar de hacer esto. Casi es prostitución.

Nos alojamos en una hermosa mansión, con criados, piscina mirando al mar y una cala prácticamente privada. Nada más llegar nos recibió su secretaria un japonesa pequeña pero de una linda cara.

Nos acomodo al salón y esperamos a Fuji que no tardo en llegar, nos saludo, nos invito a cambiarnos para tomar una copa en la playa y darnos un baño. Fue entonces cuando Mónica se lanzo.

Won os acompañara a una habitación para cambiaros.

No se preocupe podemos cambiarnos aquí.

Mónica se desabrocho el vestido y lo dejo caer, su ropa interior era muy sencilla, un sujetador con las copas que le mantenían bien los pechos y unas bragas muy corrientes de color blanco con inscripciones en japonés. Se quito el sostén, dejando al aire sus melones; su blancura era muy evidente comparada con el moreno del resto de su cuerpo, y aunque estaban caídas (ya os he descrito a Mónica otras veces –ver cadena de favores el traslado-) y no conservaban la turgencia de la juventud, mantenían gran frescura y mucho morbo quizá por sus grandes y rosadas aureolas. Después se desprendió de la parte inferior quedándose sin ropa, moviéndose por la habitación con naturalidad buscando algo. La espontaneidad de la situación causo revuelo en nuestro anfitrión que sin perder detalle observaba los andares de mi mujer totalmente desnuda, se humedecía sus labios deseosos de morder las carnes rollizas que pasaban por delante de él y se tocaba la entrepierna como consuelo. La secretaria se acerco a ella y se prestó a ayudarle.

¿Qué buscas?

Mi bolso, tengo allí el bikini.

Mira esta bajo la mesa.

Gracias, no recordaba donde lo había dejado. Mintió Mónica

Vaya tetas. En mi país no es normal ver una cosa así, son naturales, ¿verdad? ¿puedo tocarlas?

Por supuesto.

La pequeña nipona agarro primero una y luego la otra y después de acariciarlas en círculo, las apretó al tiempo que dirigía la mirada a su jefe, al cual se le salían los ojos de las orbitas.

Ando unos pasos para buscar su bolso, y, lentamente doblo la espalda para abrirlo, dejando durante unos minutos, mientras rebuscaba, sus grandes tetas colgando, y regalándole al japonés una vista de estas y de un magnifico culo empinado. Cambio de posición, se puso de cuclillas, para hurgar con más comodidad en el interior; sus pechos pasaron a chafarse en sus rollizos muslos; sus caderas formaban una pera con su culo, que se abría pronunciando la división de sus nalgas. Al encontrar el bikini, se dirigió a mí para que le ayudara, pero al verme ocupado con mi traje de baño, le pidió ayuda a Fuji. Este se acerco y le anudo al cuello el bikini, al tenerlo detrás, le restregó en circulo el culo por su paquete notándolo duro.

Perdone no quería molestarle. Dijo mi mujer con voz ingenua.

Mónica se puso una camiseta que le tapaba justo los pechos, dejando su vientre, su ombligo al descubierto. Bajamos a la playa y nos sentamos a esperar a nuestros amigos en una de las mesas cercana a la cual había un entorno agradable con sofás y un bar atendido por dos sirvientes.

Su secretaria acomodo a Mónica en uno de los sofás y me acompaño a una de las mesas donde se encontraba otro hombre, también de origen japonés al que conocí en la fiesta, saco un portafolio y me propuso las condiciones de nuestra colaboración.

Poco después, al tiempo que Mónica disfrutaba de una copa, Fuji se acerco a mí,

Creo que son condiciones ventajosas para ti.

Me parece muy bien.

Entonces, yo he cumplido y me gustaría seguir contemplado cosas bonitas hoy.

Lo vas a ver

Solo te pido una cosa como nuevo colaborador. Que hasta que no acabes con Won no te levantes. Me gusta que las cosas se queden totalmente finalizadas.

Le hice una señal a Mónica, que se levanto se despojo de la camiseta ante la atenta mirada de los japonesitos que babeaban al ver tan hermosos bultos sobresaliendo por todos los lados de su bikini. Se fue andando hacia el mar mostrando todo su culo, sus redondas nalgas se movían de un lado a otro forzadas sus andares. Se zambullo en el agua ante la atenta mirada de mis ahora colaboradores y volvió a surgir de ella, dejando que el agua recorriera sus linos pechos. Volvió a la playa acelerando su paso hasta llegar a las hamacas que la esperaban unos diez metros cerca de nosotros. Durante el recorrido sus tetas se movían de arriba abajo lentamente guiadas por su controlada carrera, regalando un maravilloso espectáculo. Esos balones botaban cual bolas de baloncesto antes de ser lanzadas a canasta, y en los rebotes de las masas de carne parecían que iban a caerse, el ambiente se estaba calentando.

Mis nuevos socios se pusieron nerviosos, excitados, al ver las voluminosas carnes. Mónica los llamo a la playa. Fuji se acerco a ella, durante un tiempo, pasearon de un lado a otro de la pequeña cala. Se les notaba muy cómodos hablando con soltura y riendo con frecuencia; se pararon frente a nosotros como unos 20 metros, continuando con su entretenida conversación, de pronto, sin que nadie lo esperaba, ella se arrodillo delante de él, le bajo el bañador a la rodilla y se introdujo en la boca el erecto pene, Fuji dejaba que fuera ella quien hiciera el trabajo, y lo hacía a gran velocidad, en profundidad metiendo y sacando la polla de su boca, lamiendo cada centímetro. Me extraño mucho, pues para Mónica la felación nunca había sido una de su preferencias sexuales. Y ahora ella estaba arrodillada delante de un japonés, bajito, con la polla pequeña y nada atractivo. Parecía como si él la hubiera convencido para que lo hiciera, y le gustaba como se lo hacía, se la comía de un solo bocado, como el que come un helado con la ansiedad de disfrutar plenamente de su sabor. Las babas y algunos flujos le caían a mi mujer por la comisura de los labios parecía que no se había comido un rabo en su vida, no se cansaba de los agiles movimientos y con su otra mano buscaba su coño.

De repente, Fuji le toco el hombro, ella se detuvo, se puso en pie, lo cogió de la mano, este se despojo de su camiseta y de su traje de baño, su pene parecía un mástil, y así se metió en el agua con ella.

Entre risas, se zambulleron hasta que el agua les llego a la cintura, juguetearon rozando sus sexos, Mónica se saco la parte de abajo del bikini y lo levanto con la mano, para que nos diéramos cuenta de que no lo llevaba puesto.

Fuji lanzo la mano al coño y ella lo recibió retrayendo su culo. Lo masajeo buscando las partes sensible hasta encontrarlas, ella profirió unos ligeros gemidos de placer, se dio la vuelta y espero ser penetrada por detrás. El amarillo con suma destreza introdujo su falo en la vagina, mientras con la mano le continuaba dando suaves masajes en el clítoris. Ella retorcía su espalda síntoma del placer que le estaban proporcionando. Con las manos en sus caderas le proporcionaba una penetración lenta de movimientos largos, el nipón, no tenía ninguna prisa y pretendía llegar hasta el fondo.

Desde la mesa donde estábamos se podía ver todo perfectamente, el hombre la secretaria mirábamos mientras al mismo tiempo repasábamos las clausulas del contrato. La verdad, me excitaba como le metían mano a mi mujer y pronto mi miembro tomo fuerza. Me apetecía hacerme una paja mirando el espectáculo, pero me contuve.

¿Te gusta ver como se follan a tu mujer? Se te está poniendo dura, mientras miras. Dijo ante mi sorpresa Won, la secretaria de Fuji.

Si ella disfruta. ¿Por qué no?

A Mr. Fuji le gustan mucho las europeas, se siente grande cuando se las folla.

Ante mi sorpresa Won se lanzo sobre mi paquete y sin preguntar lo saco de su escondite y con sus dos pequeñas manos le comenzó a sacar brillo.

Qué cosa más grande. ¿crees que me cabra en la boca?

Prueba

La pequeña japonesa se introdujo el pene al completo, se la trago, entera, la manejaba a la perfección, era una autentica experta, lamia la parte de arriba y de vez en cuando bajaba hasta casi introducirse los huevos. Comencé a gemir al mismo tiempo que Mónica se retorcía del placer causado por la delicadeza del trato de Mr. Fuji. Por sus gritos pude advertir que mi esposa estaba corriéndose.

Yo nunca me había follado una japonesa. Con mi polla a punto de reventar se sentó encima de mí, no llegaría a los 50 kg, era francamente manejable. Lleve su pequeño coño hasta la punta de mi rabo y la ensarte. No cabe otra palabra, realmente la ensarte, es increíble la vagina femenina, como un cuerpo tan pequeño puede recibir un tronco como el que le acaba de introducir. Podía manejarla a mi antojo, me agarraba del cuello mientras intentaba que la penetración llegara hasta el fondo, sus gritos me animaban a seguir marcando un fuerte ritmo.

Mientras en el agua Fuji continuaba dándole por detrás a Mónica aunque se había atrevido a desatar su bikini para poder juguetear con sus tetas. La ocasión de tener unos ejemplares de similar tamaño para el solo no era debía dejarla pasar y amasaba los pechos como si estuviera haciendo pan. A mi mujer no le importaba, es más, le encantaba que se las tocaran, que las maltrataran un poco. Ahora era ella la que movía su culo, al tiempo que el japonés, acompasadamente la metía y la sacaba.

De pronto se pararon, ella se dio la vuelta para ponerse de cara, el no soltó los pechos que ahora los sostenía desde abajo, le dijo algo, se dieron la mano y salieron a la orilla.

El asistente de Fuji se levanto de la mesa para dejarnos hacer y se acerco a ellos llamado por su jefe. Mónica comenzó a dar órdenes, el asistente se tumbo en el suelo y ella se sentó sobre su cara mirando hacia su polla, se reclino dejando su culo en pompa dispuesto para que Fuji se lo lamiera. En seguida, Mónica tenía las dos lenguas trabajando sus agujeros. Desde mi sitio ella lucia esplendida con los grandes pechos, todavía cubiertos por su bikini, dejándose hacer por las lenguas que buscaban darle placer, se sentía agasajada como una reina. Ella se tocaba los pezones buscando la máxima excitación. Los japoneses trabajaban bien, muy hábiles y dinámicos, sin perder el ritmo, como maquinas de proporcionar placer.

De vez en cuando hacían parones y utilizaban los dedos con maestría, introduciendo en el ano y abriendo la vulva, en busca del clítoris que deseaba ser amado tanto como sodomizado su ano.

Los jugos corrían por su pierna hasta llegar a la arena, Mónica se corría de nuevo y los nipones también querían hacerlo. Fuji cambio la boca por la polla que entraba fácilmente por orificio anal, mientras tasi se daba la vuelta para insertarla vaginalmente. Fuji le soltó el bikini dejando sus pechos al aire, bajo su control, los apretaba con la impotencia de no poder abarcarlos por completo, era mucho el volumen, pero lo intentaba apretándolos, jugando con los pezones, disfrutando de tan magníficos ejemplares. Imagino que no habría agarrado toda una talla 120 nunca, por la forma que tenia de sobarlos, no sabía cómo manejarlos.

Yo estaba viendo a pocos metros la doble penetración a la que era sometida mi mujer y estaba sumamente excitado al ver lo metodológicos que eran los japoneses y como la estaban haciendo gozar. Entre eso y los movimientos de la japonesa sobre mi polla, rapidísimos golpes de cadera que me llenaban de placer.

Voy a correrme.

Sigue,

Te he dicho que voy a córreme, eyacular, soltar la leche, el esperma.

Se separo de mi, cogió un condón me lo puso con la boca, otra vez me quede sorprendido, pues nunca me lo habían hecho. Se sentó de espaldas y continúo botando encima de mí. En ese momento le quite la camisa que llevaba puesta arrancándole los botones, no llevaba sujetado, aunque, la verdad es que no lo necesitaba, tenía unas tetas pequeñas, casi inapreciables si no fuera por el extraño pezón en punta de color muy rojo. Los pellizque y acaricie, acostumbrado a las tetas de mi mujer me parecía algo novedoso.

Dentro, hazlo dentro.

Y así lo hice, descargué la andanada dentro de su cuevecita, regando aquel jardín fen sui con leche española. A pesar de que me había corrido siguió moviéndose más, hasta ver que mi polla quedaba flácida. Se levanto de encima de mí, y la muy guarra se metió la polla en la boca, limpiándomela del semen que había quedado.

Mónica, enfrente de mí, jadeaba como nunca, estiraba su cuerpo ensartado por las espadas samuráis, sus tetas, colgaban como macetas a disposición del asistente que las magreaba como podía, con mas ansiedad que lo había hecho su jefe. Las manos de Fuji habían pasado sobre las caderas para ser la palanca que abría sus mollosas nalgas dejando un mejor acceso al dulce agujero trasero del activo y hermoso culo.

Las formas de follar de los nipones eran sumamente disciplinadas, sus movimientos muy rápidos, acelerados. A pesar de ser una doble penetración se movían con muchísima agilidad, los puntitos de celulitis de los gordos muslos y del culete de Mónica bailaban al son que marcaban los orientales; ella cerraba los ojos y abría la boca, estremecida, subyugada, no me explicaba cómo podían resistir tanto sin correrse con la velocidad a la que la penetraban.

La fornicación llegaba a su fin, Fuji saco la polla, le dijo algo a su secretario, que se quito de abajo y se aparto para continuar masturbándose. Fuji, forzó a Mónica a ponerse a cuatro patas, se puso un condón y cambio de orificio, dejo su culo para volver al rezumante coño, quería correrse allí, le hablaba en japonés, seguramente insultándola. Aun estuvo penetrándola unos minutos más, sin cambiar el ritmo de sus agiles y constantes movimientos, volvió a cogerle las tetas con fuerza para acabar con un largo suspiro de alivio y dejándole toda la leche dentro del preservativo, poso sus manos una en cada nalga y las empujo hacia delante sacando su polla del fondo como el que descorcha una botella.

Con una mirada de complacencia a Fuji, ella se volvió boca arriba, apretó sus pechos con las manos e invito a Tasi a que pusiera su polla en medio, este, estaba que reventaba y no tardo ni dos minutos en eyacular, los pechos de ella se desparramaron hacia los lados y la leche circulo como un rio hasta alcanzar la arena.

Mónica se quedo exhausta, tumbada en la orilla con los brazos abiertos, los japoneses se fueron a darse un baño dejándola allí tirada. Yo me acerque.

Es increíble lo que he disfrutado. Me he corrido varias veces. Me dijo.

Eres un golfa.

¿y tú? Crees que no te he visto follandote a la enana esa. La has tenido que partir en dos.

Todo sea por el contrato.

Pues búscame más contratos que firmar.

Volvimos en el avión de la tarde, sin ni siquiera ganas de quedarnos a cenar con ellos, a pesar de su insistencia. Durante el viaje de vuelta apenas hablamos, pero al llegar a casa hicimos el amor como lo hacen los matrimonios aburridos.
Viaje en metro con la señora de tetas grandes por Anonimo
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Cogí el último Metro del día.


Ella estaba sentada justo enfrente, esquivando mi mirada igual que yo la suya. Llevaba un bolso muy viejo y desgastado que mantenía en su regazo con las manos cruzadas. Al primer vistazo, pude apreciar que no era muy agraciada, así que me concentré en el vacío del otro lado de la ventana


El Metro se descargaba a cada parada, y la casualidad hizo que nos fuéramos quedando solos. Sentí una rara incomodidad por estar los dos uno enfrente del otro, con todo el resto del vagón vacío. Noté que ella también tenía esa sensación, pues empezaba a mirar al techo, y a cambiar ligeramente de postura, con el fin de evitar cruzarse con mis ojos. Como si fuéramos 2 vecinos que suben un ascensor que tiene 1000 plantas, el silencio eternizaba el tiempo entre cada parada.


Afortunadamente yo tenía la ventana y por esa ley no escrita de que si uno mira por la ventana el otro no puede, disfrutaba de ella en exclusiva.


Al otro lado de la ventana: sólo oscuridad. Aproveché el reflejo y me fijé en ella un poco más. Tendría unos 50 años, la cara sin maquillaje, arrugada, con signos de cansancio. El pelo moreno con un recogido hecho a toda prisa. Su peso (unos 100 kilos) y su baja estatura no favorecían nada su silueta, que asomaba unas mollitas por debajo de camiseta blanca "de publicidad", que le quedaba corta. Su camiseta estaba tan usada que le transparentaba un sencillo sujetador blanco, que apenas lograba contener unos tremendos pechos alargados y caídos. Llevaba una falda ocre, que llegaba por las rodillas, aunque con su postura sentada, estaba ligeramente más arriba.

En los pies, unos zapatos de esos "porosos" blancos, completaban el conjunto. Sospechaba que sería limpiadora o algo parecido y volvía a casa después de una jornada de semiesclavitud por la que ganaría una basura.


El Metro paró, y volvió arrancar. La oí suspirar profundamente, como de un cansancio agotador. Me enterneció profundamente, y me sentí tremendamente superficial por mi crítica mental a la pobre señora. Seguro que habría sufrido mucho. Ahora me caía bien. Decidí sonreírle en un momento de esos en que las miradas se cruzan inevitablemente. Ella apartó la suya rápidamente. Seguí observándola, extrañado por su reacción. Se humedeció los labios profusamente, mientras su tez enrojecía (¡Qué raro!). Lo dejé estar.


Otra parada, ella no bajaba. Deseaba que lo hiciera porque de repente la tenía ahí cruzada en mi mente. No podía evitar hacer pases con mis ojos hacia ella, buscando sus reacciones (¿Por qué había reaccionado así? ¿Por qué se había pasado la lengua por los labios??)


Un amigo psicólogo que conocí durante mi etapa universitaria me habló un día del lenguaje de los signos corporales. Entre otras cosas, comentaba que las personas realizamos gestos involuntarios e instintivos según lo que se nos pasa por la cabeza. Así, si alguien decía algo "sexual" el interlocutor podría humedecerse los labios involuntariamente, como una especie de "preparación" para el acto sexual... De igual modo, si alguien tenía un pensamiento sexual, era probable que lo hiciera también instintivamente. Pero en este caso… no, no, no podía ser. ¿Qué pensamiento va a tener esta señora?


Otra parada, tampoco bajó. Joder, deseaba que lo hiciera. Porque me estaba obsesionando con el temita. (¿Por qué se había humedecido los labios?) Estaba nervioso y mi mirada pasaba más veces que las azarosas por su cuerpo. No me lo podía ni creer. Involuntariamente echaba vistazos a sus pechos gigantes. Por primera vez noté la presión: mi calzoncillo apretaba ahora mi polla hinchada y dura.


La miré de nuevo, pero esta vez mantuve la mirada, esperando a la suya. Al final llegó, y la apartó nuevamente con rapidez, dirigiéndola hacia la ventana, que ahora estaba "libre". Noté su rojez de nuevo, mientras cambiaba la pierna que tenía cruzada sobre la otra. Este movimiento hizo que mi mirada descendiera rápidamente por instinto. Durante un instante pude ver unas bragas blancas, de las que sobresalía abultado vello por los lados. Sólo fue un momento, pero suficiente para que notara una palpitación en mi entrepierna.


Ella estaba nerviosa también, eso está claro, (¿pero por qué?) Durante todo este tiempo jamás se me ocurrió pensar que quizás yo le podía gustar a esta señora. Como ella no contaba nada para mí, no pensé que lo recíproco sí pudiera ser. (¿Pero por qué no?) Al fin y al cabo yo era guapo, o eso decían las mujeres con las que había estado. Vestía bien y me cuidaba. Se puede decir que estoy dentro de la categoría de "Metrosexual".


Otra parada más, y seguía sin bajarse la señora. Curiosamente nadie subía a nuestro vagón. Ahora notábamos que la tensión sexual era inaguantable. Yo la mía la llevaba con una mezcla de incredulidad y vergüenza, por empalmarme con semejante musa. Pero supuse que ella también estaría avergonzada, yo tendría al menos 20 años menos que ella.


El Metro continuó su camino. Yo seguí con mi obsesión (¡pero estaba como un perro!). Si fuera una mujer de mi edad, sin duda le habría dicho algo ya, pero no sabía como abordar esta situación, tan extraña para mí… Ahora encima no me podía refugiar en la ventana, (¡La tenía ella!). Además, si la miraba demasiado me descubriría por el reflejo.


No pude aguantarme y le eché otro vistazo a sus pechos (¡Qué tetazas!). Ahora sí que me humedecí yo los labios con ganas. Observé que suspiraba profundo, sabedora de mi repaso visual supongo. Empezó a abanicarse con una mano mientras con la otra se bajaba un poco el cuello de la camiseta, ya de por sí suelto.


Otra parada, increíble, nadie sube, nadie baja. Yo no podía más, tenía que hacer algo o irme (¡quería pajearme!). Otro movimiento de pierna por su parte. Rápidamente dirigí mi mirada a su cueva. Vi los pelos, sobresaliendo de las bragas, y algo más (¿Eran eso jugos vaginales?). Bufff, yo no podía más (literalmente NO PODÍA MÁS).


Otra parada del Metro, miré nervioso a la puerta. (Que no entre nadie, que no entre nadie). Pitido, se cierra la puerta, rápidamente me levanto. Ella se sorprende y mira hacia arriba, a mi cara. De pie, le agarro de la camiseta. Ella no se mueve. Tiro hacia arriba, y ella eleva sus brazos ayudándome. Veo parte de sus tetas, casi flotando debajo de un gran sujetador que parece pequeño en su piel (Dios, qué tetazas, ¡qué tetazas!). Me mira, con la boca semiabierta, excitada.


La dejo así, mientras me suelto el botón del pantalón. Ella se incorpora hacia delante ligeramente, echa las manos a su espalda. Me bajo los calzoncillos, y me quedo sólo con mi polo y mis deportivas. Escucho el clic de su sujetador. Se desprende de él, y se oye el ruido de sus melones chocando contra su cuerpo. Sus enormes pezones negros están duros, parecen percebes de lo largos que son, y ocupan gran parte del perímetro de la mama (UUUUUFFF, ¡como estoy de cerdo!).


Me pongo de rodillas en su asiento. Ella se echa sobre el respaldo. Dirijo mi polla hacia su pecho, y le agarro de las tetas para abrazar con ellas mi miembro. Las noto pesadas. Ella me ayuda, las sujeta. Le paso a ella la "carga". Empiezo a moverme hacia arriba y hacia abajo (¡la tengo como una roca!!!). Jadeo, ella también. Noto la humedad de su sudor y el de mi polla, y la estrechez de sus tetas recubriéndomela totalmente. Gozo como un cabrón.


Me agarro de su cabeza mientras sigo moviéndome hacia arriba y hacia abajo, sus tetas me hacen llegar al cielo (¡AAAAh, qué gusto!!). Ella acompaña mis "folladas" pajeándome con sus tetas. Muy, muy despacio. Las noto suaves y un escalofrío me recorre de pies a cabeza. (Si las sigue moviendo así me correré en seguida). Seguimos jadeando.


El Metro para. Nosotros también dejamos nuestra gimnasia. Miramos a la puerta. Sus tetas se vienen hacia abajo liberando mi polla, que tiene una palpitación (¡Casi me corro!). (No, no, que no entre nadie por favor, que no entre nadie ahora). Pitido. La puerta se cierra y el Metro se pone nuevamente en marcha. Un pasajero recién descendido de otro vagón dirige una fugaz mirada hacia el interior. Mientras avanzamos veo como se gira extrañado de lo que cree haber visto.


Ella me coge las manos y me "pasa" sus tetas. Son pesadas y blandas. Me envuelvo la polla con ellas y sigo "follándomelas" masajeándome con ellas a la vez. Vuelvo a jadear (ya estoy otra vez, ya me viene, ya me viene). Ella ya no jadea, ahora gime, grita suavemente. Veo que sus dos manos se están moviendo debajo de su falda (Aaaahh!!, eso me pone a mil).


Las venas de mi polla se agrandan, noto un placer intenso mientras acelero mis movimientos en el Gran Canal. Aplasto lo que puedo las tetas haciendo el agujero más y más estrecho (Me matan estas tetas). Miro su cara, sigue siendo fea, pero eso ya no me importa (Aaaaah, gimo). Decido que voy a empaparle la cara con mi lefa.


Sus gemidos se tornan en gritos, cada vez más seguidos, indicándome que su orgasmo está cerca (El mío también). Aprieto más las tetas y doy los últimos movimientos previos a mi corrida. Oigo su último grito indicando que ella ya ha llegado a la suya. No puedo más.


Suelto sus tetas, que chocan violentamente contra su cuerpo, y me incorporo un poco más sobre mis rodillas. Me va a sobrevenir la eyaculación, pero la aguanto y cojo con la mano mi polla palpitante apretando fuerte para no correrme (¡AAAAh, no puedo máaaas!!!), hasta que esté en posición. Pongo mi verga a unos centímetros de su cara, mientras ella abre ligeramente la boca, y dirige la vista hacia arriba.


Con mi mano abro la llave, sólo unos ligeros masajes provocan el primer chorro. Intenso, salta por encima, rozándole ligeramente el pelo, y embadurnando el asiento a su espalda. El segundo, también abundante alcanza su objetivo: su boca. Lo veo entrar directamente, mientras ella, notando el sabor agrio aguanta la arcada. El siguiente chorro con menos fuerza, cae sobre una de sus tetonas. Acerco entonces la polla a su cara y dejo deslizar sobre su rostro el semen que sin fuerza, pero aún abundante, sigue saliendo del agujero de mi miembro.


Con una mano voy moviendo mi polla sobre toda su cara, enjugándola con cada paseo, mientras su dureza va mitigándose y el placer intenso se va convirtiendo en relajación absoluta.


Terminado todo, me separo de su cara. Mientras me retiro, antes de incorporarme, ella me coge del culo y empujando, acerca mi polla a su boca; saca su lengua limpiándome la punta de mi verga. Noto un estertor, pero me levanto por fin. Me quedo parado un instante mirando su cara, jadeante, respirando entrecortadamente. Mi leche blanca le llena parte de la cara.


El Metro para nuevamente. Estoy aún de pie sin pantalones ni calzoncillos. Ella echa un vistazo por la ventana, y se levanta con agilidad. Coge nerviosa su camiseta, su sujetador y su bolso, y sale disparada.


No nos decimos nada. Extasiado, me siento.